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En el arte no todo está bien…

Entrevista con la diputada del Encuentro 18 de Agosto,Unidad para los Cambios y el Frente Amplio, Verónica Mato, sobre la situación actual de los teatros que siguen sin poder abrir.
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Por Micaela Melgar

El 13 de marzo el gobierno de Lacalle Pou declaró el estado de emergencia nacional sanitaria como consecuencia de la pandemia originada por el virus COVID-19. El decreto en su Artículo 3 suspende «todos los espectáculos públicos hasta que el Poder Ejecutivo lo determine».

El 15 de mayo se firmó un acuerdo para el funcionamiento del comercio en general. El 9 de junio re-abrieron todos los shoppings y la Intendencia de Montevideo aprobó el protocolo de prevención y seguridad en servicios de gastronomía y plazas de comidas. Además a partir de la primera semana de junio también retornaron a clase una parte importante de los y las estudiantes. El viernes 19 de junio era noticia que el Cardenal Sturla estaba «muy contento» porque se reiniciaron las celebraciones religiosas presenciales. Hace unos días se re-abrieron los complejos de las termas.

Pero, los teatros siguen cerrados…

La situación actual de los y las trabajadoras de la cultura es crítica y las respuestas son escasas. El gobierno definió un subsidio de pequeño monto para trabajadores de la cultura, que fue de difícil acceso y se recortaron los apoyos previamente aprobados para el sector; además de la reducción de los montos de los fondos concursables. El ministro Da Silveira estuvo en la prensa y sus declaraciones no son para nada alentadoras, muy por el contrario, son amenazantes hacia el sector. Para paliar esta situación, la Intendencia de Montevideo estableció un fondo de diez millones de pesos para apoyo a las actividades culturales.

EL POPULAR conversó sobre la situación del sector del arte y la cultura con la diputada Verónica Mato, actriz, directora y dramaturga.

-Diputada, ¿podría hacer un resumen sobre la situación actual de los y las artistas en Uruguay?

-La situación de artistas y trabajadores y trabajadoras de las artes y la cultura es muy compleja. Algunos sectores por el tipo de tarea que desarrolla están en una situación aún más compleja; por ejemplo las artes escénicas: el teatro, el circo, la danza, la música: a partir del 13 de marzo no se pueden hacer espectáculos artísticos, entonces de un día para otro ese campo de trabajo -que se desarrolla en teatros, salas, bares, con grillas definidas para el año-, quedó con una actividad económica nula.

La cultura es un sector que por sus características de rotación (de trabajo por proyectos), es un sector que tiene una naturaleza informal, y por lo tanto está muy desprotegida. Por otra parte, muchos y muchas artistas trabajan en la docencia en escuelas privadas de arte y allí también se cortaron muchas plantillas. Igual es la situación de quienes dan clase en escuelas o jardines. Por otra parte, la rama del diseño, la iluminación, la escenografía, el montaje, quedó muy varada y sin ingresos. En general, los trabajadores de la cultura de las artes viven de su trabajo diario, y por lo tanto se reviste de cierta vulnerabilidad, aunque hace algún tiempo las posibilidades de desarrollar trabajo todo el año existían.

Por otro lado están los elencos estables: la comedia, las orquestas, el ballet, los coros; y los docentes que trabajan en la educación pública son quienes pudieron mantener de mejor medida los ingresos. El sector en su conjunto está movilizado, los sindicatos como SUA o la Asociación de Escritores, la FUTI, organizaciones de la música, algunas que se generaron recientemente, están saliendo a la calle, de distintas formas, a reivindicar su situación, -¡que se abran los teatros!-, y peleando por una renta básica de emergencia. Las políticas del gobierno para el sector fueron insuficientes y con problemas para su acceso.

-¿Qué se podría haber hecho para que la situación fuera diferente?

-La respuesta a esta situación se está basando en las redes de solidaridad así como en otros casos, por ejemplo, con las ollas populares; ya que el Estado no está siendo sensible a la situación general. El Frente Amplio presentó un paquete de medidas para enfrentar la crisis y una de ellas es la renta básica, que supone el ingreso de un salario mínimo; y uno de los focos del articulado está dirigido a los y las artistas y los espacios culturales, que requieren financiamiento para su subsistencia. Asegurar la continuidad de los espacios culturales es también asegurar las fuentes de trabajo del sector. Hoy ya han cerrado definitivamente algunas salas, especialmente aquellas más alternativas que amplificaban voces de diversos lados. No sería positivo que solamente sobrevivan las salas hegemónicas, para el desarrollo del arte en nuestro país es fundamental contar con espacios independientes o salas alternativas.

El Estado debe proteger a los artistas como trabajadores que viven de su trabajo. Cuando el gobierno definió cerrar las salas, era necesario asegurar la sobrevivencia de estos trabajadores. No tiene pie ni cabeza que abra un shopping o una iglesia y no abra un teatro. Ya es una maldad.

-¿Qué perspectivas hacia adelante ves en el sector cultural?

-El arte y la cultura puede contribuir mucho en el confinamiento y en el distanciamiento social, tanto con los niños como en las personas mayores. El arte ayuda a reencontrarse, a tener una mirada reflexiva sobre el momento que estamos viviendo y sobre el encuentro de las salidas posibles. Las artes que trabajan a través del cuerpo pueden ayudar mucho a curar esta lastimadura que tenemos todos en la falta de contacto social; donde el otro se volvió un ser peligroso que te puede contagiar. Ver a la otra persona como alguien a quien podés lastimar o te puede estar lastimando, por el posible contagio, genera una fractura en las relaciones sociales y estoy convencida que el arte es algo que puede «apapachar» a las personas. La perspectiva de las posibilidad del arte es buena en ese sentido. Desde el punto de vista económico depende del gobierno, del mantenimiento de las medidas y las posibilidades de transformación. Las respuestas deben ser claras.

– Además de actriz sos directora y dramaturga,  ¿en qué estás trabajando actualmente?

-En estos primeros pasos como diputada mi idea era articularlo con actividades relacionadas a la actuación y no tanto a la dirección o gestoría; por un tema de tiempos. Tenía proyectos en funcionamiento cuando apareció el decreto. Actualmente estoy con proyectos de «artivismo», con mujeres de Casavalle, por ejemplo, que implican el desarrollo de acciones artísticas o performativas en el territorio para luego presentarlo en las marchas. Es un proyecto muy lindo al respecto de la violencia basada en género. Y también les quiero contar que estoy con un proyecto de escritura literaria sobre mi padre, una obra que se va a llamar «Muchacho»; contada en primera persona; con un formato ficcional. No con un relato cronológico sino que tengo ganas de mostrar, desde mi mirada, los procesos de la vida mi padre. Necesito tiempo, pero es un proyecto que vale la pena y que tengo ganas de hacer.

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