Planta industrial CIR. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

Industria: Una oportunidad impostergable

Por Rodrigo Alonso (*)

La industria es estratégica para el desarrollo del país. Sostiene el sector transable de la economía, representa el 60% de los bienes que Uruguay coloca frente a la competencia internacional, y es clave para el fortalecimiento de un ecosistema de ciencia, tecnología e innovación. Cumple, además, con la promoción del equilibrio territorial, porque sostiene la radicación de población y actividad en el interior del país. En materia laboral, ofrece trayectorias laborales decentes, con formación, trabajo formal y salarios superiores a la media. 

Representa el 11% del PBI, más que el agro, la pesca y la minería juntos, que suman 7%. Son 19.000 empresas, y por ella pasan más de dos tercios de las exportaciones de bienes, con fuerte peso de la agroindustria: lácteos, celulosa y carne. En materia de empleo, ocupa a 160.000 trabajadores de forma directa y, si se suma el empleo indirecto que genera, el total involucrado asciende a 250.000 personas.

No obstante hay una realidad de retroceso industrial, en 2014 los puestos de trabajo directos eran 185.000. Hoy son 160.000. La industria perdió 25.000 empleos directos en poco más de una década, incluso mientras crecía en volumen de producción.

Esa aparente contradicción se explica al mirar la evolución del sector en el tiempo. Entre 2005 y 2010, el Producto Bruto Interno y el índice de volumen físico de la industria manufacturera crecieron prácticamente al mismo ritmo. Pero a partir de 2010 hasta 2025, el PBI acumula un crecimiento del 34%, mientras que la industria manufacturera apenas creció 10% en el mismo período. La industria dejó de acompañar el ritmo de crecimiento del conjunto de la economía.

Fuente: INE y BCU

Ese magro resultado agregado esconde, además, una transformación profunda en la composición interna de la industria. Entre 2005 y 2019, mientras el sector en su conjunto creció 40,6% en volumen físico, ese crecimiento estuvo altamente concentrado: papel y productos de papel crecieron 1.015%, la fabricación de instrumentos médicos y ópticos 276%, madera y productos de madera 139%, la química 106% y alimentos y bebidas 34%. En el otro extremo, ramas tradicionales e intensivas en mano de obra se derrumbaron: la vestimenta cayó 85%, los textiles 68%, otros equipos de transporte 58%, los muebles 46%, curtiembres y cuero 25%, la metalurgia básica 21%. El crecimiento industrial de las últimas dos décadas estuvo traccionado por un puñado de ramas ligadas a los recursos naturales y de uso intensivo de capital, mientras la industria manufacturera diversificada e intensiva en trabajo perdía terreno. Ahí está buena parte de la explicación de por qué la industria crece pero emplea menos.

Fuente: INE

Una oportunidad desaprovechada

El contexto internacional es de retorno de la política industrial. En Uruguay, en cambio, la industria es una realidad que no siempre es reconocida como tal, y eso se refleja en las prioridades del Estado. Un dato gráfica crudamente esta realidad: de cada cuatro pesos que el Estado destina al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), destina solo uno al Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), que además de la industria debe atender la energía, la minería y las industrias creativas y tecnológicas. Y esto ocurre pese a que la industria representa un 11% del PBI y 160.000 empleos directos, contra el 7% del PBI y 130.000 empleos directos del sector primario. Esta relación de 4 a 1 entre el MGAP y el MIEM es una muestra de la falta de jerarquía que la industria ha tenido en la política pública uruguaya. 

Es preciso revertir esa situación si el país quiere aprovechar las oportunidades que la industria ofrece. Uruguay necesita ir hacia un nuevo pacto industrial. Hay señales que abren esa puerta: el PIT-CNT y la Cámara de Industrias trabajan conjuntamente en una agenda en el marco del proyecto País Industrial, con financiamiento de INEFOP; el MIEM convoca y sostiene el Consejo de Industria y los núcleos productivos; y la OPP promueve, junto con la ANDE, el PIT-CNT y las cámaras empresariales, un espacio de diálogo por una estrategia nacional de desarrollo.

Uruguay tiene ante sí la oportunidad de construir una agenda industrial que se sostenga en el tiempo y se convierta en un factor decisivo de una verdadera estrategia de desarrollo nacional.

(*) Economista.

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