Los cinco mejores años

UJC

A veces cuando hacemos esta columna nos parece que no deberíamos caer en repetir una y otra vez los mismos temas a los que hemos hecho referencia en el último tiempo. Sin embargo, el gobierno nos desafía constantemente, porque siempre nos recuerda que gobiernan los ricos para los ricos. Las clases dominantes, los sectores vinculados al agronegocio, los de siempre. Es muy difícil no hacer referencia a lo que pasa constantemente. Disculpen, pero nuevamente esta columna va a hacer referencia a los 5 peores años de nuestras vidas, al menos de nuestros últimos 17 años de vida.

Sobre fines de julio se conmemoraron los 20 años del estallido más brutal de la crisis del 2002, ahora nos quieren hacer creer que “tuvieron mala suerte” o que “el contexto internacional” provocó un escenario que quedará grabado en la memoria colectiva de todos y todas, que destruyó tejido social y que alejó a familias, amigos, amigas entre sí. La emigración y el hambre fueron dos caras de una misma moneda. Algunos igual se enriquecieron más aún. Pero es imprescindible decir que acá no hubo nada de azar, no fue la suerte, fueron el conjunto de políticas económicas que llevaron los sucesivos gobiernos blanqui-colorados (“Multicolores” en lenguaje centennial) que desprotegieron al Estado y a la economía de las familias que más lo necesitaban. Mutualistas, bancos, todo en quiebra.

Hoy no nos vamos a centrar en ese hecho histórico tan traumático, sino que, sin intentar hacer terrorismo informativo, es menester decir que este gobierno tiene el mismo rumbo que aquellos que nos llevaron a la peor ruina y desprotección que un Estado puede ofrecerles a sus ciudadanos. Tenemos también algunas figuras en común que nos recuerdan lo peor. ¿Saben quién era el ministro de economía de Jorge Batlle? Un tal Isaac Alfie… Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Lo peor de todo es que nos prometieron los cinco mejores años de nuestras vidas, y ¿qué han logrado hasta ahora? ¿Podemos nombrar alguna acción del gobierno que le haya mejorado la vida a la mayoría de la población? Lo que sabemos es que nos han bajado el salario, que ha subido la inflación, que nos recortaron el presupuesto para las instituciones que brindan funciones esenciales en nuestra vida como la salud y la educación. Cada día descubrimos, frente a la constante tragedia, que siquiera cumplieron su promesa de reducir la inseguridad. ¿Dónde se encuentran las soluciones habitacionales que prometían en la campaña electoral? ¿Se olvidaron de los asentamientos?, porque lo único que están generando son nuevos pobres no nuevos derechos, más bien los están cercenando. Lo mejor que puede mostrar el gobierno al momento es un acuerdo para ver la posibilidad si en varios años tenemos un TLC con China, más allá de lo discutible del mecanismo, ni siquiera en su concepción esto puede ser un logro.

Es decir, pretenden que trabajemos más tiempo de nuestras vidas, en peores condiciones, con menos posibilidades de organizarnos en sindicatos, con más poder para las empresas. Incluso en ese sueño liberal, nos enteramos que el desempleo sube. Lo bueno de todo esto es que baja el déficit fiscal y las exportaciones aumentan cada vez más. ¡Seguro muy pronto va a llegar el derrame tan esperado!

No solo es una cuestión de empleo, sino que, una vez más se demuestra como sistemáticamente atacan a las empresas públicas. Por ejemplo, promocionaron tanto la Portabilidad Numérica, que por cierto no ha utilizado ni siquiera el 1% de la población, para terminar, haciendo que ANTEL sea la única compañía que pierda usuarios. Nuevamente, que esto suceda y el presidente de la empresa pública tenga vinculación con Claro y la directora del organismo encargado de la regulación tenga vínculos con Movistar no parecen casualidades. Tampoco podemos olvidar que vendieron, o mejor dicho regalaron, la soberanía de nuestro puerto por 60 años, a una empresa multinacional.

También nos encontramos con el proyecto Neptuno que se enfrenta al mandato constitucional de que el agua debe ser gestionada por empresas públicas porque es un bien de todos y todas. Tampoco podemos dejar de hablar de ANCAP. Los precios de los combustibles no han parado de subir, e incluso cuando baja el precio del barril de petróleo, todo esto gracias a la LUC y la voluntad política de un gobierno que quiere darle sostenibilidad financiera a una empresa en base al aporte de todos y todas. Ni que hablar que quieren sacarle varias letras, como por ejemplo el Portland. De nuevo, ¿nos parece casualidad? ¿No es repetir demasiado lo que nos llevó a la peor debacle de los últimos años? Quienes crecimos y vivimos nuestra infancia en esos tempranos 2000 sabemos que no queremos volver a esos momentos.

No parece ser la solución recortar en recursos para los más vulnerables. La mala gestión y el recorte en salud dificultan que existan medicamentos en ASSE. El ataque sistemático a Cuba, ni siquiera nos brinda la oportunidad de que Estados Unidos nos ayude frente a mercados que no se encontraban abiertos. Lo que sí sabemos es que se intenta atacar al país que nos permitió que más de 100 mil compatriotas pudieran ver.

¿Qué podemos esperar de un gobierno que no brinda ni un solo peso de presupuesto a la institución que más colaboró en la pandemia y es la principal productora de conocimiento en nuestro país?

En definitiva, en este país donde la desigualdad aumenta, donde la segregación territorial es moneda corriente, donde es necesario construir un modelo de desarrollo sustentable y con justicia social, es necesaria una alternativa. Es necesario que cambiemos todo.

En este escrito, con la bronca a flor de piel por todo lo que nos pasa a los y las jóvenes diariamente, es que te decimos que por favor no te conformes, hay que cambiarlo todo. Organízate y lucha, organicémonos y luchemos frente a un modelo de país y unas políticas que no nos incluyen. Estamos a tiempo, no sigamos viviendo los mejores cinco años de la vida de alguien más.

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