Una autopsia histórica: estudio médico sobre los asesinatos de los 8 comunistas de la 20

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En el año 2003, los Dres. Hugo Rodríguez Almada y Fernando A. Verdú Pascual, dieron a conocer los resultados de un estudio realizado por ambos con relación a los hechos del 17 de abril de 1972, ocasión en que 8 militantes del Partido Comunista fueron fusilados por Fuerzas Conjuntas de la policía y el Ejército.

El estudio titulado “La autopsia histórica: presentación del método y su aplicación al estudio de un hecho violento. Uruguay 1972”, puede ser consultado en la Revista Médica del Uruguay, Vol. 19 Nº 2, de agosto de 2003.

Para el desarrollo de su estudio, los investigadores consultaron un amplio volumen de materiales procedentes de las siguientes fuentes documentales:

“a) Manuscritos en borrador con anotaciones y dibujos realizados por el médico forense en el momento de practicarse las autopsias de siete de los fallecidos.
b) Partidas y certificados de defunción de los fallecidos.
c) Resumen de la historia clínica de los tres heridos que recibieron asistencia en el Hospital Militar.
d) Oficios de Nº 982 (18/4/72) y Nº 1.001 (20/4/72) y Memorándum Nº 336 (18/4/72) de la Seccional 18ª de la Dirección de Seguridad de la Jefatura de Policía de Montevideo.
e) Informes oficiales sobre armas halladas en el local político: de la Dirección Nacional de Policía Técnica (20/ 44/72) y del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas de la Región Militar Nº 1 del Ejército (29/4/72 y 8/5/72).
f) Diarios de Sesiones del Parlamento Nº 18.813 (Cámara de Senadores, 17 y 18/4/72), Nº 18.820 (Asamblea General, 12 y 13/5/72) y Nº 18.822 (Asamblea General, 13, 14 y 15/5/72).
g) Versión oficial de los hechos dada por la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.
h) Comunicados militares* y crónicas publicadas en los diarios y semanarios de la época†, disponibles en los archivos de la Biblioteca Nacional.
i) Un trabajo de investigación histórica de los hechos y recopilación de documentos.
j) Testimonios diversos de protagonistas y testigos”.

A pesar de la versión oficial sobre los hechos, dada por las autoridades militares de la época, el dúo de investigadores tomó contacto con la información recibida por la entonces senadora comunista Marina Arismendi, a raíz de un pedido de informes realizado a la Suprema Corte de Justicia (SCJ) el 23 de enero de 1997.

El pedido de informes, dio lugar a un expediente de la SCJ identificado con la ficha A/280/97.
A partir de ello se conoció, señalan los investigadores, “que en los archivos de la Justicia ordinaria no constaban las actuaciones cumplidas como consecuencia de estos hechos, incluidos los protocolos de autopsia de los fallecidos”.

A pesar de ello, pudo accederse a los archivos de la morgue judicial, donde fueron recuperadas “las anotaciones en borrador y los dibujos realizados durante las autopsias a cargo del médico forense”, el doctor Guaymirán Ríos Bruno.

Se conoció también, que se conservaba “el expediente iniciado por la Justicia militar, conocido como Causa Nº 2045 del Juzgado Militar de Instrucción de Primer Turno y caratulado “Incidente en el club comunista de la Seccional 20”.

A partir de la información revisada, señalan los galenos, “se estudió críticamente el conjunto de la información, buscando establecer una interpretación médico-legal armónica y compatible con los hechos documentados”.

Fueron estudiados y analizados “cada uno de los nueve casos con evolución letal, jerarquizando las anotaciones en borrador realizadas durante las autopsias (en los casos en que las hubo), las historias clínicas (en los casos en que no se practicó autopsia) y la información registrada en las partidas y certificados de defunción”, explica el estudio de los médicos uruguayos.

Para el “caso del único herido que ha sobrevivido, las conclusiones surgidas de los documentos y testimonios se confrontaron con los resultados del examen clínico y los estudios complementarios a que fue sometido. Las lesiones y secuelas comprobadas se catalogaron desde el punto de vista médico-forense”.

En la descripción que realizan de los hechos apuntan:

“Cinco de las víctimas murieron en el lugar sin que exista registro de que recibieran algún tipo de asistencia médica.

Sus cuerpos permanecieron en el lugar hasta que unas horas más tarde de la muerte, el juez de Instrucción militar, Coronel Aníbal Machitelli ordenó que los cadáveres fueran trasladados por ambulancias a la Seccional 18ª de Policía”, de donde posteriormente, “fueron derivados a la morgue judicial.

Solo en dos de los casos, apunta el estudio médico, los de González y Mendiola aparecen “referencias a sus traslados en dirección al Hospital Militar, pero la naturaleza de las lesiones sugiere que estaban sin vida en momentos de ordenarse el traslado”, lo que se evidencia en que “no consta el ingreso de ninguno de ellos al Hospital Militar”.

El estudio da cuenta que “las autopsias de todos los fallecidos en la madrugada del 17 de abril se realizaron el día 20 de abril de 1972, luego de ser reconocidos por sus familiares en la morgue judicial, dejados los cuerpos en depósito del cementerio, para ser nuevamente trasladados a la morgue judicial donde se efectuaron las peritaciones”.

Y agregan, “la descripción de los hallazgos morfológicos de las autopsias es ampliamente coincidente con la versión leída en la sesión de la Asamblea General de los días 12 y 13 de mayo de 1972, por Rodney Arismendi.

En dichas instancias, al describir, uno por uno los datos existentes sobre los comunistas asesinados, Arismendi señaló:

“Ricardo Walter González: “Un solo balazo, en la nuca, desde atrás y a la izquierda, ligeramente descendente. La bala quedó en el cráneo. Muerte instantánea por lesión nerviosa”.
Luis Alberto Mendiola Hernández: “Seis balazos. Dos heridas de otra naturaleza. Muerte instantánea por bala en la cara que lesionó cerebro y salió por la nuca. Balazo en la cabeza que deprimió huesos, pero no penetró (¿poca fuerza del proyectil?). Desde lado derecho. Balazos en los miembros: hombro derecho, muslos y piernas (balas transversales que no lesionan huesos), brazo derecho. Una herida ‘rara’ en el pie izquierdo y otra en el abdomen que no penetró. La del pie ‘punzo-cortante’. ¿Arma blanca? ¿También rematado en el piso?”.

José Ramón Abreu: “Primera herida de tórax que lesionó pulmón y provocó hemorragia interna. Segunda herida de tórax hecha desde arriba, si estaba de pie, o caído al suelo, con disparo hecho desde la cabeza a los pies, que lesionó pulmón y médula espinal provocando parálisis en las piernas. No murió instantáneamente”.

Elman Milton Domingo Fernández Deghi: “Herido de bala en muslo derecho (adelante-atrás) que no lesionó huesos ni grandes vasos, solamente músculos. Herida en la cabeza de adelante a atrás que provocó muerte instantánea por lesión de encéfalo. ¿Ambos balazos al mismo tiempo? ¿Primero el del muslo que no lo hizo caer y luego el otro, de pie? ¿Cayó por primer balazo y luego rematado en el suelo?”.

Raúl Aparicio Gancio Mora: “Una sola bala, en el abdomen, de adelante hacia atrás y hacia la izquierda, prácticamente horizontal por debajo del ombligo, que provocó caída al suelo por lesión nerviosa y que lesionó intestino y sobre todo gruesa vena. Murió por hemorragia interna, por desangramiento luego de estar tirado en la calle aproximadamente una hora”.

Ruben Claudio López Ghersi: “Baleado por la nuca, con lesiones nerviosas mortales. Caído en el suelo, boca abajo, recibe otro balazo, desde la cabeza los pies, desde unos metros, con bala que entró por el costado derecho de la cabeza y salió por la base del cuello del lado izquierdo. Muerte casi instantánea”.

Justo Washington Sena Costa: “Tres balazos casi horizontales en el cuerpo. Uno en el pecho, desde la izquierda y adelante, que lesionó pulmón derecho. El segundo en el abdomen a la altura del ombligo, seguramente mientras caía hacia atrás y que provocó estallido de hígado. El tercero encima del pubis, prácticamente horizontal, probablemente simultáneo con el primero. Tiene, además, otro balazo en el muslo. No muere instantáneamente sino por hemorragia interna”.

A partir del “análisis de la información fragmentaria recuperada en los borradores y esquemas elaborados al momento de la autopsia médico-legal, junto a lo establecido en las partidas de defunción de las víctimas, y tras su confrontación con la versión extraoficial ofrecida en el Parlamento”, los investigadores establecieron las conclusiones siguientes:

Ricardo Walter González: “Presentaba una lesión única por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en la región occipital (sector izquierdo de la escama), sin orificio de salida. El trayecto, que siguió una dirección de atrás hacia adelante, ligeramente descendente y oblicua de izquierda a derecha, transfixió el cerebelo y el cuarto ventrículo. Se recuperó un proyectil incluido en el contenido craneal cuyas características no es posible determinar. En suma: muerte violenta. Injuria encefálica aguda por herida de proyectil de arma de fuego, por agresión heteroinferida”.

Luis Alberto Mendiola Hernández: “Presentaba múltiples heridas por proyectil de arma de fuego y por arma blanca, con las características que se detallan: a) Herida de bala con orificio de entrada en región facial (labio inferior) y orificio de salida en la nuca. El disparo causó fractura de piezas dentarias, transfixió la lengua, seccionó el bulbo y provocó estallido de columna cervical (atlas y axis) y salió en la región de la nuca. El trayecto siguió una dirección horizontal, de adelante hacia atrás. Las características de la lesión sugieren que se trató de un disparo de larga distancia con un proyectil de alta energía.

b) Herida de bala no penetrante que determinó hundimiento de la tabla externa del parietal derecho. La lesión era compatible con un disparo de larga distancia, desde la derecha de la víctima, que impactó con muy escasa energía o con una incidencia tangencial.

c) Herida de bala en hombro derecho, con orificio de entrada en región deltoidea y orificio de salida en región escapular derecha. El trayecto siguió una dirección oblicua de adelante hacia atrás, de derecha a izquierda, levemente descendente. La lesión corresponde a un disparo de larga distancia, inferido de frente y desde la derecha de la víctima.

d) Herida de bala transfixiante de antebrazo izquierdo. e) Herida de bala transfixiante de muslo izquierdo, con orificio de entrada póstero-externo. El trayecto siguió una dirección horizontal y oblicua de atrás hacia adelante y de izquierda a derecha.

f) Herida de bala transfixiante de pierna izquierda, con orificio de entrada en cara interna.

g) Herida de bala transfixiante de pierna derecha, con orificio de entrada en cara interna.

h) Herida punzo-cortante de seis centímetros de longitud en la cara externa del cuello de pie izquierdo, compatible con lesión provocada por bayoneta.

i) Herida punzo-cortante no penetrante en cara anterior de la pared abdominal, que transfixió los planos superficiales y presentó salida. Como la provocada con bayoneta. En suma: muerte violenta. Lesión encefálica a nivel bulbar por disparo de arma de fuego en una víctima multiagredida con armas de fuego y arma blanca. Las características y topografías de las lesiones de arma blanca sugieren que su producción tuvo lugar con el cuerpo caído”.

José Ramón Abreu: Presentaba las lesiones que se detallan: a) Equimosis palpebral derecha que corresponde a una contusión cráneo-facial. Puede tratarse de una lesión perimortal por caída desde su altura.

b) Herida transfixiante de tórax por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en cara anterior de hemitórax izquierdo (región subclavicular) y orificio de salida en región escapular derecha. En su trayecto ria oblicua, descendente, de adelante hacia atrás y de izquierda a derecha determinó lesión raquimedular con estallido de la tercera vértebra dorsal. Las características de la lesión sugieren una lesión provocada por un proyectil de alta velocidad.

c) Herida transfixiante de tórax por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en cara anterior (región xifoidea) y orificio de salida en hemitórax izquierdo, a nivel de la línea axilar media (sexto espacio intercostal).

d) Herida transfixiante de brazo izquierdo. En suma: muerte violenta. Multibaleado con tres proyectiles de arma de fuego que determinaron diversas lesiones viscerales. El mecanismo probable de muerte es la anemia aguda causada por las heridas de tórax”.

Elman Milton Domingo Fernández Deghi: “Presentaba las siguientes lesiones: a) Herida cráneo-facial por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en región malar izquierda y orificio de salida occipital izquierda. El trayecto siguió una dirección horizontal, de adelante hacia atrás, transfixiando el encéfalo.

b) Herida transfixiante de miembro inferior derecho, con orificio de entrada en cara externa de muslo y orificio de salida en región glútea. En suma: muerte violenta. La causa de la muerte fue la injuria encefálica aguda determinada por la herida de proyectil de arma de fuego heteroinferida”.
Raúl Aparicio Gancio Mora: “Presentaba una herida de tronco por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en fosa ilíaca derecha. En su trayecto (horizontal, de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda), transfixió asas intestinales sigmoideas, la vena ilíaca derecha y la columna lumbar, provocando el estallido de L5 y las raíces de la cola de caballo, causando un voluminoso hemoperitoneo. No se rescató el proyectil que, de acuerdo a las características de las lesiones, podría corresponder al tipo de alta velocidad. En suma: muerte violenta. Anemia aguda por hemoperitoneo por lesión heteroinferida de la vena ilíaca derecha por proyectil de arma de fuego”.
Ruben Claudio López Ghersi: “Presentaba las siguientes lesiones: a) Herida por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en la región parieto-occipital derecha y con orificio de salida en la región supraclavicular izquierda El trayecto siguió una dirección oblicua de arriba hacia abajo, de atrás hacia adelante y de derecha a izquierda, provocando estallido de cráneo y lesión de las estructuras encefálicas.

b) Herida por proyectil de arma de fuego con orificio de entrada en la nuca y orificio de salida en región orbitaria izquierda. El trayecto siguió una dirección horizontal, de atrás hacia adelante y de derecha a izquierda; provocó estallido de los pisos anterior y medio de base de cráneo y del macizo facial superior izquierdo. En suma: muerte violenta. Injuria encefálica aguda por dos heridas transfixiantes encéfalo-craneanas, heteroinferidas, causadas por proyectiles de arma de fuego que podrían corresponder a los de alta velocidad”.

Justo Washington Sena Costa: “Presentaba múltiples heridas por proyectil de arma de fuego con las características que se detallan: a) Herida de tórax por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en región esternal y orificio de salida en hemitórax derecho (línea axilar media). El disparo siguió una dirección horizontal y oblicua de adelante hacia atrás y de izquierda a derecha, transfixiando el lóbulo inferior del pulmón derecho.

b) Herida de abdomen por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada paraumblical derecho y orificio de salida paravertebral (D 10). En su trayecto (de adelante hacia atrás y algo ascendente) causó el estallido del lóbulo derecho del hígado y hematoma subperitoneal.

c) Herida de abdomen por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada a nivel suprapúbico. Siguió una dirección de adelante hacia atrás y provocó el estallido de arco posterior de L 4. No se recuperó el proyectil.

d) Herida de miembro inferior derecho por proyectil de arma de fuego, con orificio de entrada en raíz de muslo derecho, con orificio de salida en cara posterior.

e) Herida por proyectil de arma de fuego, transfixiante de cara posterior de muslo derecho. En suma: muerte violenta. Múltiples lesiones viscerales por cinco proyectiles de arma de fuego. Probable anemia aguda por hemotórax y hemoperitoneo”.

En la reconstrucción histórica de las lesiones y la muerte de los fallecidos no autopsiados, se señala:
Héctor Cervelli Alsina: “Seguramente fue el primero de los heridos en el incidente mediante un disparo de arma de fuego en el cuello que le seccionó la médula cervical. Fue trasladado al Hospital Militar, donde ingresó a las 02:25 horas del 17 de abril de 1972, con diagnósticos de: “Coma, tetraplejia por sección medular”. Recibió asistencia, siendo operado de emergencia* para descompresión medular cervical y reintervenido con igual directiva el día 19 de abril. El 20 de abril instaló bronconeumonía que evolucionó a insuficiencia respiratoria aguda, lo que causó el fallecimiento a las 12:25 horas del 28 de abril, a la edad de 41 años. Pese a que se trató de una muerte violenta, no se practicó la autopsia judicial. En las causas de muerte, el médico que firmó el certificado de defunción†, estableció: “Bronconeumonía”, debido a “cuadriplejia por sección medular”, debido a “herida de bala en cuello”; como una causa contribuyente agregada se especificó: “Insuficiencia respiratoria aguda”. En el apartado correspondiente a la etiología médico-legal, consignó que la muerte obedeció a factores externos (muerte violenta) no comprendidos en los ítems previstos en el formulario (homicidio, suicidio, accidente)”.

Como es de conocimiento público los “dos fallecimientos restantes ocurrieron en forma diferida en el Hospital Militar: el 28 de abril de 1972 y el 31 de enero de 1974 (la única víctima militar). Ambos habían ingresado con graves heridas, siendo operados de emergencia y tratados en el Hospital Militar, donde permanecieron internados hasta su muerte”.

En el pormenorizado estudio, los investigadores dedicaron atención al problema de las armas utilizadas, un unto no menor, ya que la versión oficial señalaba, no solo que uno de los militantes había disparado contra el único militar herido, sino que, además, en el local se habían encontrado armas de fuego.

Las versiones sobre las “armas de fuego encontradas”, señala el estudio, difieren según quién las reporte, un elemento que a todas luces muestra la falta de “coherencia” en el armado de aquella “verdad oficial” sobre lo acontecido.

“Resulta relevante la lectura de las diversas comunicaciones sobre el armamento descubierto en el local político después del operativo. Todas son versiones contradictorias, según se examine lo expresado por el ministro de Defensa en el Parlamento”, general Enrique Olegario Magnani, “el informe de la Dirección Nacional de Policía Técnica del 20 de abril de 1972”, firmado por el comisario químico industrial Raúl Bergeret Morales, “y los informes del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) de la Región Militar Nº 1 del Ejército, del 29 de abril y el 8 de mayo de 1972”, firmados por el general Esteban Cristi y el teniente 1º (PAM) Víctor Hugo Fay, respectivamente. Todas las armas de fuego mencionadas en estas versiones son de uso civil y diseñadas para disparar munición de baja velocidad, por lo que están dotadas de baja energía cinética y capacidad destructiva”.

Con respecto a este punto, el estudio destaca: “La mayoría de las lesiones que presentaban las víctimas fueron producidas por proyectiles de arma de fuego.

No se pudo determinar el calibre de ninguno de los proyectiles; sólo uno fue recuperado en la autopsia y no se disponen de datos sobre sus características. La naturaleza de algunas lesiones indica que debieron ser causadas por proyectiles de elevada energía (…) no es posible determinar la distancia a que fueron realizados los disparos, si bien la ausencia de toda mención a existencia de tatuaje y ahumamiento indica una distancia superior a un metro, aún en el caso de tratarse de armas militares”.

El estudio rechaza, contundentemente, la versión oficial que adjudicaba a uno de los militantes la herida de arma de fuego que, a la postre terminaría con la vida del capitán Busconi: “la naturaleza y entidad de la lesión descrita (…) tiene características completamente diferentes. Se trataba de una lesión única, “con gran efecto explosivo”, con entrada y salida, que comprometió el hemisferio cerebral izquierdo en forma muy extensa, multifragmentó el cráneo, provocó exoftalmo y pérdida de masa encefálica por la salida y el oído. Es obvio que no podía tratarse de un proyectil convencional de uso civil. Por el contrario, tal es el patrón lesional esperable en las heridas producidas por proyectiles alta velocidad y, en consecuencia, dotados de elevada energía cinética.

Estas lesiones, bien descritas en la literatura médica, son coincidentes con las que presentaba el oficial herido. Deben su extensión a la formación de una cavidad temporaria cuyo diámetro es varias veces mayor (de 11 a 12,5 veces) que el diámetro del proyectil. La presencia de un orificio de salida es bastante indicativa de que se trató de munición blindada. Por tratarse de un proyectil de alta velocidad, seguramente blindado, puede afirmarse que fue disparado por un arma de guerra. Entre las armas empleadas en la época por las Fuerzas Conjuntas, capaces de provocar una herida de tales características, pueden mencionarse el fusil M-1 Garand y la carabina M-1”.

El estudio deja en evidencia otras “irregularidades”, como el hecho “de que en el caso 8 se haya extendido el certificado de defunción en el propio Hospital Militar, por un médico no forense y sin la previa autopsia judicial correspondiente. La norma que prohíbe a los médicos (salvo que actúen como médico forense, por orden del juez competente) expedir el certificado de defunción en los casos de muerte de causa violenta data del año 1889”.

Las conclusiones del trabajo de investigación hablan por sí solas: “Todas las lesiones estudiadas, incluidas las recibidas por el Capitán Wilfredo Busconi, fueron provocadas por armamento de las Fuerzas Conjuntas (…) Todos los civiles fallecieron por una causa violenta. Si bien el capitán Busconi falleció por una causa natural, la ausencia de vida de relación secuelar a un grave trauma encefálico seguramente incidió negativamente en los tiempos diagnósticos y la oportunidad terapéutica (…) El único herido sobreviviente presenta una importante secuela sensorial (…) Desde el punto de vista del manejo médico-legal se comprobó la carencia de estudios periciales imprescindibles (autopsia de Héctor Cervelli e informe de lesiones de José Machado). La firma del certificado de defunción de Cervelli sin intervención del médico forense constituyó una transgresión a las normas vigentes (…) Desde el punto de vista del manejo ético, se destaca que la mayoría de los heridos no recibió asistencia en el lugar del hecho, así como la imparcialidad y el apego a lex artis exhibida por los médicos del Hospital Militar que recibieron a los únicos tres heridos que fueron trasladados con vida”.