La voz de Zitarrosa debe ser su más insondable misterio. Misterio que viene del yo profundo. No soy el único que cree en el milagro Piaf o en el milagro de Gardel como grandes burladores de todo razonamiento. También creo en el milagro Zitarrosa. Las explicaciones sobre este tipo de fenómeno puede darlas quizás la ciencia, aunque siempre de forma parcial. En una de sus últimas cartas Zitarrosa me dice, respondiendo a mi nostalgia por la su ausencia de su voz viva en Montevideo: “Es la mejor herencia de mi madre”. Como definición, simple y sintética, es la mejor que he oído. Al menos, la más aceptable. Pero el más viejo instrumento del mundo) la voz humana) es, a la vez el más recóndito. Y cuando suena a intemporal en esas vibraciones baila nuestro asombro. En ese estremecimiento, en la aceptada ignorancia de los porqués, está siempre el más vivo secreto del arte. La voz comunica al mismo tiempo que cumple tres misiones que el oído registra para trasladarlo a todo el sistema nervioso más que al pensamiento. Estas tareas de la voz, no deliberadas, son: ilusión, admiración, piedad. Parto d ela base de creer que lo que le sucede a un hombre puede sucederle a todos los hombres en el acto de oír, siempre que el hombre esté preparado auditivamente o sea naturalmente auditivo.
En la voz de Zitarrosa también se descubren figuras plásticas, colores cambiantes y no pocas tristezas. Su voz es un claroscuro, no una sombra. La figura es una un hombre pequeño mucho más joven que esa voz, la tristeza es notar implícita en la voz una suerte de maleficio. Son algunos de los ingredientes que atrapan al comunicar. Y Zitarrosa logra comunicar aunque cante la letra más elemental o más ingenua, casi siempre superada por el cantor que se prende de las palabras y las impregna de un sentido que muchas veces no tienen. A mi entender, la mejor definición de Zitarrosa es juglar o cantor popular, no cantautor ni folclorista. A veces, el cantor popular pretendido es el que más lejos está-con sus artificiosos juegos para entrar en la masa- del pueblo, de la gente. Y creyendo el –craso error- que la gente o la masa no piensa o no recibe más que menudencias, a esos cantores, aunque tengan un objetivo circunstancial estruendoso, estoy seguro de que los barrerá el tiempo.
Es cierto que en el repertorio de nuestro artista podemos encontrar canciones livianas, intrascendentes, composiciones que parecen concebidas para rellenar un disco. Este es el criterio peligrosamente literario con que yo juzgo. Pero sucede que, más de una vez, extrañamente, esas canciones tocan al público. Y muchas veces, pueriles o ingenuas, se han hecho famosas. He aquí que el dilema del canto es tan minucioso y complejo como el de la literatura, la pintura el cine y todas las artes. No creo, para dar un ejemplo conocido, que el poema “Las golondrinas” de Bécquer, sea una maravilla. Se sin embargo, que dirá, que se rumiará, se cantará toda la vida.
Enrique Estrazulas de “ Zitarrosa:cantar en uruguayo”.























