Fruto maduro
Del árbol del Pueblo,
La canción mía
Siempre porfía
Puede morir,
Pero quiere
Cantarle sólo a la Vida,
Que no la olvida
No tiene miedo a la bala,
Ni a la bomba,
Ni al infierno,
Canta «pudiendo»
Lleva en las manos heridas
Una flor con una espina,
Agua y harina
Canto del Pueblo que ama,
También canta por dinero
Como un obrero
Sombra de Gancio y de Mora,
De Fernández, de Mendiola,
No canta sola
Quiere ser flor
Y se cierra
Como un puño;
Que la cuide,
Eso me pide
Nombra la carne horadada
De la Vida más amada,
La desarmada
Fruto maduro
Del árbol del Pueblo,
La canción mía
Siempre porfía
Quiere ser flor
Y se cierra como un puño;
Que la cuide, eso me pide!
Letra y música de Alfredo Zitarrosa
Las relaciones entre poesía y política no gozan hoy de muy buena fama. La politización de la poesía suele entenderse como un rebajamiento de la pureza estética por intereses ajenos al arte. Muchos malos escritores han justificado la pobreza de su literatura en su buena intención social, y es verdad también que, a veces, el compromiso político, la simpatía de las grandes causas, sólo ha servido para un insistente montaje de autopropaganda.
Pero la conciencia crítica es inseparable de la creación artística más rigurosa, y la voluntad política, en manos de un poeta de calidad, suele convertirse en una reflexión ideológica que no sólo enriquece los horizontes de los contenidos, sino también de los tonos y los recursos del género. Compartimos un ejemplo exquisito, dolido, profundamente conceptual. Solo un gran referente podía lograrlo.
L.Firpo























