Reflexiones a partir de un hecho estético singular
Santiago Manssino
A través de una vidriera se ve una mujer joven sentada frente a un escritorio, vistiendo canguro amarillo, pantalón negro y championes rosados, con la cara metida en un tazón de sopa y tapada por su pelo. Un vecino se da cuenta que durante dos horas ella no se movió, siguiendo con la cara sobre el cuenco y en la misma posición. Preocupado, piensa que está desmayada, que le podía estar pasando algo grave, y llama a la policía.
Cuando llegan los policías encuentran el local cerrado y entran a la fuerza. Van hacia donde está la mujer, pero algo les parece raro, se confunden. En ese instante, la empleada de la galería de arte, que estaba preparándose un té en el piso de arriba, baja alertada por los ruidos. Se sorprende al encontrar a los policías, que a la vez estaban perplejos.
La muchacha desmayada no era tal, sino que todo se trataba de una escultura hiperrealista que hizo pensar a los vecinos en una mujer real en estado inconsciente o muerta.
Este hecho ocurrió el 25 de noviembre del año pasado en la galería de arte «Laz Emporium», en el barrio Soho de Londres. La obra se llama «Kristina» y pertenece al artista Mark Jenkins.
Steve Lazarides, el dueño de la galería le pidió a Jenkins una escultura que representara a su hermana en el momento en que la encontraron desmayada en condiciones muy parecidas a las de la obra, con la cabeza hundida en un plato de sopa.
El arte hiperrealista se origina a mediados de los años sesenta, derivado del fotorrealismo pero más detallista, narrativa y emotiva, con mucha influencia también del arte pop. Pinturas basadas en fotografías y esculturas de tamaño real, hechas de fibra de vidrio, pintadas y vestidas con ropas actuales compradas en tiendas o mercados, mostrando situaciones cotidianas, con alguna narrativa o transmitiendo cierta emoción.
Duane Hanson es considerado el pionero de la escultura hiperrealista, quien al principio representaba situaciones sociales fuertes, como hombres durmiendo en la calle o niños hambrientos, pero luego fue suavizando su crítica social, dado que al principio encontró mucho rechazo.
El hiperrealismo, es, sin embargo, un arte propio de la posmodernidad. No sólo imita «lo real», sino que confunde y traspasa las fronteras entre la obra y el mundo externo a ella, dialoga e interactúa con él. Es de alguna manera provocador, como lo muestra claramente lo sucedido con «Kristina». ¿Pero provocador de qué? ¿Queremos un arte que imite «lo real», que se confunda con ello, o un arte que a la vez lo refleje y lo transforme?
El hecho que una escultura haga pensar en una mujer desmayada o muerta es una muestra de cómo el hiperrealismo interviene y diálogo con su contexto, ¿pero se trata de un diálogo creador de sentido?
Puede contener un sentido puramente subjetivo, como seguramente lo tiene «Kristina» para Lazarides, y generar sorpresa, consternación e impacto en un primer momento a los espectadores; pero no construye conciencia social, pensamiento o placer estético más allá de la primera impresión.
El hiperrealismo es un arte efímero, que vacía de sentido, trascendiendo hacia lo real, pero a la vez negándolo, sin pretensión de transformación. Y, como decía Maiakovsky, lo que precisa la humanidad es un arte que golpee como un martillo.























