Colombia y Perú: Dos “empates muy reñidos”

Por Daniel Dalmao (*)

El domingo pasado, 21 de junio, se llevó a cabo la segunda vuelta electoral en Colombia para elegir presidente. El llamado “conteo rápido”, que no es oficial ni vinculante, dio una ventaja menor al 1% al candidato de ultraderecha Alberto De la Espriella frente al candidato de izquierda Iván Cepeda. 

El resultado definitivo surgirá del escrutinio a cargo del organismo electoral, procedimiento que cuenta además con la presencia de delegados y abogados de los partidos políticos.

Paralelamente a que se iban conociendo los primeros números de este conteo rápido los medios de comunicación, nacionales e internacionales, mayoritariamente daban ya como nuevo presidente colombiano a De la Espriella. 

Tampoco se hicieron esperar los saludos y felicitaciones  de los presidentes más afines ideológicamente con el colombiano (que también es ciudadano norteamericano). Se instaló así como un hecho consumado algo que no está oficialmente definido aún (estamos escribiendo esta columna el día miércoles). 

Nos parece interesante hacernos algunas preguntas: ¿Con qué objetivos se hace semejante despliegue? ¿A qué o  a quienes está dirigido? ¿Y si después el resultado final no coincide con el instalado apresuradamente, que pasaría?

Existen antecedentes donde el conteo rápido no coincidió con el escrutinio oficial. En las elecciones legislativas de 2022 el Pacto Histórico (PH) recuperó casi 500 mil votos entre una y otra instancia, lo que definió varias bancas más en el Parlamento. Es cierto también que en los casos de balotaje presidencial las diferencias que se dieron no modificaron el orden dado al principio. Sin embargo, la diferencia sustancial entre esta y otras elecciones presidenciales es que nunca el margen había sido tan estrecho, menos de 250 mil votos en un total 26 millones que concurrieron a las urnas, 0,9 %. Por tanto, parece que hubiera sido necesario mantener un poco de prudencia a la hora de anunciar resultados.

El domingo 7 de junio, fueron las elecciones presidenciales en Perú, en segunda ronda. Aquí también se sigue sin saber el resultado final a pesar de los días transcurridos. Si en Colombia los resultados conocidos marcan una mínima diferencia, en Perú el margen es extremadamente estrecho. Con el 99, 7% de las mesas escrutadas Keiko Fujimori obtiene 9.190.889 votos (50,11%) y Roberto Sánchez 9.150.289 (49,889%), una diferencia de poco más de 40 mil votos, es decir 0,2%. Estamos hablando de 2 votos cada mil.

La lentitud en el escrutinio definitivo en Perú tiene que ver con las  características propias derivadas de su normativa, pero también por las miles de actas observadas. Además, días pasados Sánchez dijo que no reconoce el resultado y está exigiendo se anule la votación del exterior. Según el diario peruano La República (23 de junio) el candidato izquierdista durante una conferencia de prensa en su local de campaña “acusó al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de modificar las leyes para favorecer a la lideresa de Fuerza Popular”. 

Sánchez “denunció que se modificaron los procedimientos habituales en plena segunda vuelta, tras eliminarse la digitalización y el envío de las actas de votación mediante escaneo, un método que sí se había utilizado sin problemas durante la primera vuelta”. Tras este escenario, Sánchez señaló que “de puro derecho el JNE debe declarar la nulidad de las elecciones del 7 de junio efectuadas en las oficinas consulares para peruanos en el extranjero. El candidato de Juntos por el Perú cuestionó que las autoridades electorales rechazaran los pedidos para el recuento de los votos en las mesas donde existen dudas y reclamos”. Es de notar que para interponer un recurso se debe pagar 300 dólares por cada Mesa donde se hace la observación. De ahí que Sánchez y su partido apelaran a que el JNE lo hiciera de oficio.

Más allá que en los dos casos se confirme el hecho que los presidentes electos resulten ser los candidatos de derecha, lo más significativo es que allí hemos vistos dos pueblos marcadamente divididos en dos partes prácticamente iguales en cuanto a su preferencia política. En los dos países hermanos se enfrentaron dos proyectos de sociedad antagónicos. Y en los dos casos las interferencias de gobernantes extranjeros de ultraderecha fueron notorias. En ambas votaciones la candidatura de derecha ganó en el exterior del país.

Donald Trump se jactó de ser el artífice de la votación del ultraderechista colombiano:”Estaba en décimo lugar. Lo apoyé y terminó ganando las elecciones”… “Cuando la gente me aprecia, los aprecio. Así de simple. Me dijo cosas lindas acerca de mi y acerca del trabajo que hemos hecho en EEUU” dijo el mandatario estadounidense a periodistas en la Casa Blanca el lunes 22 (tomado de El Tiempo).

Una columna publicada en Página12 bajo el título  “Keiko Fujimori: la candidata de un laboratorio en Miami” afirma que “En los Estados Unidos, el principal articulador del apoyo a la candidata es Carlos Díaz Rosillo, nacido en Miami, hijo de cubanos, y con un extenso recorrido en la derecha de su país”. El columnista resalta que “Díaz Rosillo ocupa un lugar central como fundador y presidente del Adam Smith Center for Economic Freedom, un think tank de creciente gravitación política, enquistado dentro de la estructura de la Universidad Internacional de la Florida y que, bajo la fachada de un centro académico de excelencia prioriza, en cambio, la articulación creciente entre partidos, organizaciones y dirigentes de la derecha regional. El lugar ideal para formar, proteger y fortalecer a quien está a un paso de convertirse en la futura  mandataria de Perú”. Según esta misma publicación “Díaz Rosillo recibió críticas desde el círculo de apoyo del candidato de izquierda Roberto Sánchez debido a su involucramiento directo en la campaña de Fujimori”.

En Colombia, algunos analistas le atribuyen errores a la campaña del PH los cuales de alguna manera habrían incidido en el resultado. Se refieren al carácter del candidato y  fundamentalmente a las intervenciones del presidente Petro. Ante esto el propio Iván Cepeda publicó en X: “En plena discusión sobre los resultados electorales y el escrutinio, el aparato mediático y algunos “analistas” critican los “errores” de la campaña, y se difunden interpretaciones malintencionadas sobre mi equipo de colaboradores, algunos de quienes ya están siendo amenazados…Desde el comienzo lo dejé claro. No iba a transigir con la política fácil de tratos inescrupulosos, marketing de imagen y demagogia barata. Lo siento: para mí son importante los votos, pero también cómo se consiguen…Con esto se pretende además minimizar nuestro resultado. Como si 12.700.000 colombianas y colombianos fueran una insignificante fracción del país. Nada de eso. Somos una gran fuerza, consciente, organizada y movilizada. No un “error” de campaña”.

Al estar terminando esta columna nos llega la información de que Cepeda aceptó el triunfo del candidato derechista. En su página web EL POPULAR publicó el 24/06: “Antes de conocerse el escrutinio final, el candidato Iván Cepeda reconoció a Abelardo De la Espriella como presidente de Colombia…La decisión, subrayó Cepeda, “es para contribuir a la convivencia, a la paz y al diálogo. Este reconocimiento, aclaró, “no significa renunciar a la verdad ni guardar silencio frente a hechos que consideramos graves y que marcaron esta campaña presidencial”.

Como decíamos en la columna anterior (19/06), “América Latina está en disputa”. El pueblo colombiano siempre ha generado organizaciones sociales con enorme capacidad de movilización y la izquierda en este siglo tuvo un impresionante crecimiento a la vez que ha encontrado caminos de unidad. En Perú la izquierda obtuvo en primera vuelta solo el 12% pero en segunda disputó voto a voto con la derecha; esto es muestra de que el pueblo no se resigna aunque la síntesis política que exprese esa lucha aún esté en construcción.

(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.

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