Brasil y el golpe contra Allende: Evidencias documentales e informes desclasificados de Inteligencia

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Por Rolando Arbesún Rodríguez

Según publica en esta jornada el sitio https://nsarchive.gwu.edu, documentos desclasificados y obtenidos por el periodista de investigación Roberto Simon para su libro, “Brasil contra la democracia: la dictadura, el golpe en Chile y la Guerra Fría en América del Sur”, publicado el pasado mes en Brasil, muestran el rol clandestino jugado por el régimen militar brasileño en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

La investigación periodística, basada en documentos desclasificados brasileños, chilenos y de la CIA, permite apreciar las contribuciones realizadas por el régimen militar brasileño al aparato de represión de Chile durante los 17 años de la dictadura de Pinochet.

Dentro de los documentos más relevantes se resalta el llamado “cable de Rettig”.

Raúl Rettig, que para marzo de 1971 era el embajador de Chile en Brasil, envió en esa fecha lo que se define como “un alarmante cable”, destinado al Ministerio de Relaciones Exteriores chileno, titulado “Ejército brasileño posiblemente realizando estudios sobre la introducción de guerrillas en Chile”.

El cable, clasificado como “estrictamente confidencial”, era un exhaustivo informe de Rettig, en el que se informaba que, “el Ejército brasileño aparentemente envió a Chile a varios agentes secretos que habrían ingresado al país como turistas, con la intención de recopilar más antecedentes sobre posibles regiones donde podría operar un movimiento guerrillero”.

Los documentos señalan que varias “fuentes habían informado a la Embajada que el régimen militar brasileño estaba evaluando cómo instigar una insurrección para derrocar al gobierno de Allende”.

De hecho, se afirma en el cable enviado a Chile, “los militares habían establecido una “sala de guerra” con mapas y modelos de la cordillera de los Andes a lo largo de la frontera con Chile para planificar las operaciones de infiltración”.

Al referirse a su investigación periodística, Simon afirmó a ASN (Archivo Nacional de Seguridad) que “el libro muestra cómo la dictadura militar brasileña trabajó activamente para socavar la democracia de Chile durante los años de Allende y, después de 1973, para ayudar a la junta chilena a consolidar su poder (…) Brasil brindó apoyo directo y fue modelo de la dictadura de Pinochet”.

Junto a los pormenores de las operaciones de Brasil para fomentar una insurrección anti-Allende en Chile, la investigación incluyó “otras revelaciones históricas”.

El trabajo con los documentos, permitió al periodista brasileño documentar, por ejemplo, cómo “a los pocos días de la histórica elección de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970, el embajador de Estados Unidos en Chile, Edward Korry, se reunió con el embajador de Brasil en Santiago, Antonio Cândido da Câmara Canto, y compartió detalles de los esfuerzos iniciales de Estados Unidos para bloquear la toma de posesión de Allende”.

En el encuentro y refiriéndose a órdenes de la Casa Blanca, Korry señaló que, “la Embajada estaba pasando información hostil sobre Allende a los comandantes militares chilenos y amenazando con cortar la ayuda económica y los créditos si asumía la presidencia de Chile”.

El informe sobre esta reunión, elaborado por “el embajador Câmara Canto sobre la reunión fue considerado tan importante en Brasil que el canciller Mario Gibson Barboza lo resumió en un informe al presidente del régimen militar, general Emílio Garrastazu Médici”.

La investigación sobre el accionar del ejército brasileño, permite afirmar que se establecieron “comunicaciones por canal secundario con oficiales militares chilenos que se oponían a Allende e incluso organizaron en secreto que algunos de ellos vinieran a Brasil para discutir sobre la conspiración golpista”.

Junto a esto, señala ANS, “agentes brasileños establecieron vínculos con la organización pro-terrorista Patria y Libertad en Chile”, a quienes, luego de “un fallido intento de golpe de Estado en junio de 1973, Brasil brindó protección y asilo” a varios de sus principales responsables.

De forma temprana, se detalla en la publicación del sitio de documentos desclasificados, “Brasil obtuvo inteligencia sobre los primeros planes golpistas, identificando a oficiales militares que se preparaban para derrocar a Allende”.

Una reunión, celebrada en la base aérea de El Bosque el 2 de agosto de 1973, por oficiales chilenos, tuvo como centro, la evaluación de “los elementos del golpe de 1964 en Brasil para ver qué podría ser útil para sus planes de asumir el poder”.

El libro de Simon, “proporciona nuevos detalles sobre el esfuerzo de Brasil por ser el primer país en reconocer oficialmente el nuevo régimen militar de Chile”, así como da cuenta del “esfuerzo diplomático” emprendido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil “para presentar el golpe de la manera más positiva”.

El trabajo de asesoría brasileño, incluyó, por ejemplo, las orientaciones de los militares de aquél país en la redacción de “algunos de los discursos iniciales para los representantes de Pinochet en las Naciones Unidas”, discursos que pretendían en la Asamblea General de la ONU, “justificar el sangriento golpe”.

La información sistematizada en la investigación de Simon revela que “Brasil también invirtió una considerable ayuda económica y créditos financieros en Chile luego del golpe, por un total de más de $ 1.2 mil millones en dólares de hoy”.

Además del financiamiento, “Brasil envió un equipo de agentes de inteligencia a Santiago para participar en los interrogatorios de los prisioneros en el Estadio Nacional”, todos ellos bajo el mando del coronel Sebastião Ramos de Castro, del servicio de inteligencia de Brasil, el Serviço Nacional de Informações, (SNI).

Brasil, también desarrolló tareas de entrenamiento de “decenas de funcionarios y agentes” de la DINA, “entre ellos agentes que participaron en misiones internacionales de asesinato, incluido el coche bomba del ex embajador Orlando Letelier y su colega, Ronni Karpen Moffitt, en Washington DC”.

En el libro se señala e identifican a “altos oficiales militares” chilenos, quienes habrían pasado “un tiempo considerable en Brasil, entre ellos Humberto Gordon, quien estuvo destinado en Brasilia como “agregado militar” en 1974 y ascendió hasta convertirse en jefe de la agencia de policía secreta de Pinochet, la Central Nacional de Informaciones (CNI)”.

A partir de los registros de inteligencia estadounidenses desclasificados en 2019, el libro describe detalladamente el rol “de Brasil en la colaboración del Cono Sur de las fuerzas policiales secretas conocida como Operación Cóndor”.

Allí se resalta que “Brasil, según un documento de la CIA, intentó “controlar” las misiones de Condor, resistiendo los esfuerzos de Chile, Uruguay y Argentina para participar en operaciones de asesinato selectivas fuera del Cono Sur, y prefiriendo participar en una serie de operaciones bilaterales de entrega para secuestrar y desaparecen los opositores de izquierda en la región”.

Un análisis de inteligencia del Departamento de Estado de 1977, que se documenta en el libro, revela que “Brasil, junto con sus aliados más pequeños, Paraguay y Bolivia, estaba “actuando como un freno a Condor”, al punto que “los funcionarios brasileños habían dejado de asistir a las reuniones de Condor”.

“El libro”, resalta ASN, “destaca una escena dramática en diciembre de 1971 cuando el jefe del régimen militar de Brasil, el general Emílio Garrastazu Médici, llegó a Washington y se reunió en privado con el presidente Richard Nixon en la Casa Blanca”.

“La ahora famosa reunión de la Oficina Oval Nixon-Médici se registró en un memorando de conversación ultrasecreto de la Casa Blanca que el Archivo de Seguridad Nacional obtuvo y publicó por primera vez en 2009”.

En el encuentro “los dos líderes discutieron con franqueza los esfuerzos para deponer a Allende. Médici le dijo a Nixon que Allende sería derrocado “por las mismas razones por las que Goulart había sido derrocado en Brasil” y “dejó en claro que Brasil estaba trabajando para lograr este fin”.

Por su parte, Nixon respondió “que es muy importante que Brasil y Estados Unidos trabajen de cerca en este campo” y ofreció “ayuda discreta” y dinero para operaciones brasileñas contra el gobierno de Allende. Nixon dejó en claro que Brasil podría ayudar a Estados Unidos a derrotar a Allende y otros gobiernos y movimientos de izquierda en toda América Latina y dijo que “esperaba que pudiéramos cooperar estrechamente, ya que había muchas cosas que Brasil, como país sudamericano, podía hacer y que Estados Unidos no podía. ”

Toda la evidencia recolectada para el trabajo de investigación de Simon, muestra que “Brasil hizo su propio ‘trabajo sucio’ en Chile, así como en Uruguay, Bolivia y otras partes del Cono Sur”.

Una particularidad de estas actuaciones brasileñas, radica en que el régimen militar, a pesar de su colaboración con Estados Unidos, “actuó para su propia preservación geopolítica, en lugar de a instancias de Washington”.

“La imagen del régimen militar brasileño como ‘títere de Washington’, plenamente alineado con la superpotencia regional, es un mito que relega a Brasil a un mero papel subsidiario en la región (…) el libro demuestra que era todo lo contrario: la dictadura brasileña tenía sus propias motivaciones estratégicas, ideológicas, económicas y más, para intervenir en Chile”, afirma Simon en la introducción del libro.

Al decir de Peter Kornbluh, quien dirige los proyectos de documentación de Chile y Brasil en el Archivo de Seguridad Nacional (ANS), el libro de Simon, “cambia las reglas del juego para la narrativa histórica sobre la intervención imperial en Chile (…) proporciona una comprensión mucho más completa de la historia de las violaciones extranjeras de la soberanía de Chile y sugiere que hay más que aprender”.