Con la izquierda unida Francia frenó a la extrema derecha

Gustavo Alvarez (*)

Las elecciones para la Asamblea Nacional en Francia desarmaron todas las estimaciones previas de todo tipo de análisis y sondeos, que auguraban (luego de lo sucedido el pasado 9 de junio en las elecciones al Parlamento Europeo, en donde la extrema derecha superó por primera vez la barrera del 30% y se erigió como primera fuerza política), un triunfo holgado de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) que lidera Marine Le Pen. 

La primera lectura y la más importante, sin lugar a ningún tipo de dudas, es que se frenó el avance de la RN y su discurso anti inmigrante, xenófobo, misógino, racista…fascista. En cuatro días y luego de la primera vuelta, La Francia Insumisa (LFI), el Partido Comunista de Francia, el Partido Socialista y Los Verdes, formaron el Nuevo Frente Popular (NFP) y lograron un programa de mínimos en tiempo récord, y en una votación de segunda vuelta se hicieron con la primera posición de escaños en la Asamblea, dejando en segundo lugar al partido del actual presidente Macron, Ensemble y relegando a la extrema derecha a un tercer lugar.

Esto deja una Asamblea Nacional de tres tercios, en un sistema totalmente presidencialista. Pero no todo esto ha pasado por casualidad o solo por el miedo a una mayoría de extrema derecha y lo que hubiera supuesto eso para Francia.

Hace años, de una u otra manera, las y los franceses han enfrentado en las calles las políticas neoliberales de Macron, antes de Sarkozy. Los chalecos amarillos, las movilizaciones estudiantiles, sindicales contra la reforma de las pensiones, junto a todo un arco de organizaciones sociales que salieron a la calle.  Más las históricas movilizaciones para denunciar el genocidio israelí en Gaza, en definitiva, más de una década de movilizaciones permanente tanto en la ciudad como en el campo, que marcan una diferencia con el resto de lo que sucede en Europa. 

El “cordón sanitario” creado ante la extrema derecha de Le Pen funcionó, tanto el Nuevo Frente Popular como Ensemble, retiraron sus candidaturas en 261 circunscripciones electorales para la segunda vuelta, que permitió no dispersar el voto y arrojaron los resultados ya conocidos.

La fórmula dio resultado, esperemos ahora, y como así exigen las y los votantes, no pase lo mismo que en el 2022 en las presidenciales con NUPES, coalición de izquierdas, que pasada las elecciones cada uno volvió a discursos y a sus egos sin interpretar la lucha popular de la sociedad francesa.

El desafío es complejo y no exento de dificultades que serán difícil afrontar, pero de obligado cumplimiento, si no queremos que se repita esta pesadilla. Y es complejo, porqué los programas de 

La Francia Insumisa y el Partido Comunista Francés están muy distantes de Socialistas y Verdes, por ejemplo. 

Mientras el Partido Socialista Francés (cuasi desaparecido, pero que ha vuelto a primera plana con esta alianza) se alinea con los socialistas europeos, partidos de derecha y liberales en el Parlamento Europeo y siguen armando a Ucrania en el conflicto con Rusia, desde la otra parte de la alianza se levantan las banderas de la PAZ, mientras los Verdes mantienen una postura ambigua. 

Será difícil inclusive armonizar las propuestas económicas del Nuevo Frente Popular, pues ya han comenzado los primeros cruces. Por otra parte, la LFI de la mano de Melenchón, sigue cuestionando el euro y la propia Unión Europea pidiendo el retiro de Francia de la misma, cosa que el resto de los socios de la nueva coalición están muy lejos de aceptar. Pero, a pesar de los pesares, estas fuerzas políticas están obligadas a entenderse, a demostrar espaldas anchas, sin egos ni protagonismos personales, poniendo la UNIDAD como única herramienta, en aras de afianzar un verdadero proyecto de transformación real en Francia, como se expresó en las urnas.

Sin dudas, el otro gran perdedor fue Macron, una figura arrogante, salido del Partido Socialista, un liberal económico de manual. A su llegada en el 2022 su primera medida fue bajar los impuestos a las grandes fortunas, se ha posicionado siempre a favor de las políticas de guerra sin medir las consecuencias, y no dudó en impulsar la reforma de la edad jubilatoria, subiéndola a los 64 años, con un país en llamas y movilizado contra esa reforma. Tendrá que aceptar ahora no ser ya el centro exclusivo de la política francesa, pero, como mencionábamos anteriormente, tendrá en sus manos a quién designar como primer ministro. 

Y sin duda la noche pletórica de triunfo fue para la unidad de la izquierda demócrata y republicana nucleada en el NFP, que tiró por tierra todo y logró capitalizar el sentimiento de la sociedad francesa, en especial de la juventud. El camino está claro, unidad de la izquierda sin exclusiones en un programa de mínimos, movilización en las calles, sindical, social, estudiantil, de las y los jubiladas y jubilados, de la ciudad y el campo, no solamente contra una extrema derecha que sigue siendo a pesar de haber quedado en un tercer lugar, la primera fuerza política de la Asamblea Nacional, sino también contra las políticas económicas neoliberales que intentará seguir desarrollando Macron, como así también las políticas belicistas de apoyo a las guerras, en especial en el conflicto Ucrania-Rusia, armando al primero y alentando las banderas de una intervención de la OTAN directa en el conflicto.

Ahora bien, al momento de escribir este artículo varios escenarios están abiertos para ver de que manera si con un parlamento de tres tercios se podrá elegir a un primer ministro. Difícilmente habrá un nuevo ejecutivo, Macron tiene tres o cuatro escenarios pero ninguno sencillo para destrabar la situación. Pero finalmente deberá optar por uno, ya que la Constitución francesa no permite realizar elecciones hasta dentro de un año. 

Una opción sería un gobierno de izquierdas en minoría, al ser la primera fuerza el NFP, ha quedado lejos, 177, de los 289 escaños que dan la mayoría. Decíamos, eran los grandes vencedores, sin dudas, pero los números no dan. Igualmente, ninguna izquierda renunciará a gobernar y exigirán que nombre un primer ministro del NFP, aunque aún están negociando en la coalición, con más posibilidades están Olivier Faure del PSF y Marine Tondelier de los Verdes. Es necesario aclarar que cada fuerza política del NFP tiene su grupo parlamentario propio.

Una segunda opción, una gran coalición con los partidos de izquierda moderados, PSF y Los Verdes, aquí el inconveniente es que ambos han firmado el programa de mínimos del NFP y al día de hoy, no se ve que puedan romper esa alianza y compromiso, ya que estarían traicionando lo emanado de las urnas. Esta es la opción que más seduce a Macron.

La tercera opción de Macron es una alianza con la derecha, aunque tampoco sumaría los escaños necesarios, sólo llegan a 210 y descartó por completo una gran coalición entre derecha y extrema derecha.

Y ya, por último, y ante todas las dificultades para formar gobierno sumando mayorías, sería la conformación de un gobierno de tecnócratas, así Macron nombraría un primer ministro y un gabinete con personas donde ninguna sea una figura relevante en la política actual francesa. Esto ya sucedió en Italia, con Mario Draghi en 2021. Y eso llevaría que cualquier ley estaría supeditada a las mayorías coyunturales de la Asamblea Nacional. Todo esto lo comenzaremos a saber el 18 de Julio, día que asume sus funciones la Asamblea Nacional recientemente electa. 

Para terminar, es muy grande el desafío para el NFP, pero vale la pena transitar el camino ya que es la única manera de poder frenar a quienes pretenden llevarnos a los tiempos más oscuros de la humanidad. 

Y si esto se consigue será una larga travesía del desierto que tendrá que imponerse como meta el resto de la izquierda europea, para no quedar en la marginalidad.

(*) Integrante de la Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.

Compartí este artículo
Temas