Guatemala: el pueblo sigue estando a la altura

Las redes de la OEA, con Almagro y ex funcionarios macristas, al rescate del presidente Giammattei.
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Por Marielos Monzón*

El ejercicio autoritario del poder ha sido la característica principal del gobierno de Alejandro Giammattei. En poco más de 10 meses, el presidente guatemalteco y sus socios del congreso (así, con minúsculas) han concretado la regresión autoritaria que inició el expresidente Jimmy Morales y su alianza pro-impunidad.

Recordemos que durante su mandato (enero 2016- enero 2020), Jimmy Morales enfrentó diversas acusaciones por graves casos de corrupción. Incluso su hijo, su hermano y altos funcionarios de su gobierno fueron imputados por la anterior Fiscal General por los delitos de soborno, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito, entre otros.
A partir de estas acusaciones, Morales se unió a la alianza de los sectores del poder económico, militares de la contrainsurgencia, diputados y políticos corruptos e integrantes de redes ilícitas y de crimen organizado para cooptar el sistema de justicia y garantizarse impunidad.
Aún y cuando Alejandro Giammattei ofreció durante la campaña electoral terminar con estas redes de corrupción y trabajar en beneficio de la población, en menos de un año ha demostrado todo lo contrario. Mientras la gente sufre todo tipo de privaciones e intenta desesperadamente paliar el hambre y el desempleo, el presidente Giammattei y una mayoría de diputados mafiosos dilapidan y desvían millones de quetzales en su beneficio y en el de sus financistas.
Ese despilfarro vergonzoso de los dineros públicos contrasta con la pobreza generalizada de la población, que no solo ha sufrido los efectos de la pandemia Covid-19 sino de las tormentas tropicales Eta y Iota que azotaron el país y dejaron cientos de miles de personas damnificadas. Por inaudito y atroz que parezca, estas crisis se están aprovechando en Guatemala para seguir robando y malversando los recursos que deberían destinarse a las cientos de comunidades y a las miles de familias que viven en condiciones de extrema vulnerabilidad y que lo han perdido todo.
Muy por el contrario, el presidente Alejandro Giammattei y el diputado Allan Rodríguez, que preside el Parlamento, han consolidado la alianza perversa de los grupos procorrupción e impunidad, utilizando la institucionalidad pública para defender sus intereses y privilegios. El Pacto de Corruptos, como acertadamente les bautizó el pueblo, ha desobedecido las resoluciones judiciales del Tribunal Constitucional; ha empleado a los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado para vigilar y perseguir a sus detractores; ha criminalizado el ejercicio del periodismo independiente y ha reprimido brutalmente las manifestaciones ciudadanas que desde el 21 de noviembre no han cesado en el país centroamericano. Sin pudor, continúan atacando a las y los funcionarios como el Procurador de los Derechos Humanos y los jueces, juezas y fiscales independientes que valientemente les han impedido completar la cooptación absoluta del Estado.
De esa magnitud es el deterioro y el ataque a la democracia que Guatemala está viviendo.
Pero aún en el medio de la violencia, la pobreza, el abandono, la represión y la alianza de los sectores poderosos, los pueblos indígenas y sus autoridades ancestrales, las y los jóvenes universitarios, los movimientos campesinos, las y los trabajadores, las organizaciones sociales y miles de guatemaltecos y guatemaltecas continúan las protestas en las Plazas y calles de todo el país.
El lunes 30 de noviembre, la Alcaldía Indígena de Sololá, convocó a una multitudinaria concentración pacífica sobre una de las principales rutas del país. Miles de hombres y mujeres de comunidades y pueblos indígenas exigieron la renuncia del presidente Alejandro Giammattei; la depuración del Congreso; la renuncia de la Fiscal General, Consuelo Porras; del ministro del Interior, Gendri Reyes, y del director de la Policía Nacional Civil, José Tzuban, responsables de la salvaje represión del 21 de noviembre que dejó cientos de personas heridas e intoxicadas y decenas de detenciones arbitrarias.
Pero en lugar de escuchar al pueblo, el presidente sigue empeñado en agravar la crisis. Y para ello -además de la represión- montó una operación seudodiplomática -en alianza con el secretario general de la OEA, Luis Almagro- para retorcer la realidad. Aduciendo un supuesto intento de desestabilización y un golpe de Estado en ciernes, invocó la Carta Democrática Interamericana y forzó la llegada de una misión de la OEA, que nunca debió haberse enviado, porque en Guatemala lo que hay es un legítimo ejercicio de derechos por la vía de la protesta y la manifestación ciudadana, que ha sido bestialmente reprimida por el gobierno.
Como no podía ser de otra manera -y como ya lo hizo en Bolivia avalando el golpe de Estado contra Evo Morales y en Honduras apoyando el fraude electoral que validó la reelección de Juan Orlando Hernández- previo a que la delegación emita su informe, Luis Almagro ya marcó la cancha emitiendo un comunicado público donde respaldó a Alejandro Giammattei (22/11/20).
Y luego, en un pésima maniobra envió a Guatemala, al frente de la delegación, a Fulvio Valerio Pompeo, un argentino del riñón del expresidente Mauricio Macri. No es casual: Pompeo es el secretario de Relaciones Internacionales del PRO, partido de derechas que fundó Macri y que formó parte de la coalición Cambiemos. Pompeo fue su oscuro secretario de “Asuntos Estratégicos”, un cargo que no existía en la Casa Rosada y que Macri creó para él. Desde ahí, Pompeo impulsó la compra irregular de los aviones militares argentinos IA-63 Pampa que el expresidente guatemalteco Jimmy Morales estuvo a punto de adquirir, pero que la Contraloría General de Cuentas vetó por su abultada sobrevaloración.
Pompeo es, además, un íntimo amigo de Gustavo Ricardo Cinosi, asesor especial de Almagro en la Secretaría General. Repudiado por varios sectores en Argentina por sus constantes presiones a diplomáticos latinoamericanos, Cinosi es la mano que mueve los hilos de Pompeo. Difícil con estos antecedentes pensar en independencia e imparcialidad de la misión.
Así, mientras la OEA y el gobierno guatemalteco se confabulan y Juan Guaidó, en su calidad de presidente “encargado” saluda y se solidariza con el gobierno de Alejandro Giammattei, el pueblo guatemalteco se apresta para una nueva jornada de movilización convocada para este sábado 5 de diciembre, en todas las Plazas y calles del país.
Una vez más para que lo entiendan: la dignidad de nuestros pueblos -a pesar de la barbarie, la represión y la impunidad del pasado y del presente- sigue intacta y más temprano que tarde Guatemala florecerá.

*Guatemalteca, periodista.
Esta columna se publicó originalmente en el diario Prensa Libre con el título “Las redes de la OEA al rescate de Giammattei” y fue actualizada especialmente para El Popular.