El narcotraficante uruguayo escapó esta vez de un operativo de la Policía boliviana para capturarlo en Santa Cruz de la Sierra.
El pasado 31 de julio, fuerzas de la policía boliviana bajo la dirección de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (FELCN) llevaron adelante un operativo con el objetivo de capturar a Sebastián Marset quien ha sido identificado como uno de los narcotraficantes más importantes de la región.
Por causas que aún no se conocen a plenitud, Sebastián Marset en compañía de familiares y escoltas logró escapar.
La fuga, según se ha encargado de afirmar, a través de grabaciones, quien se ha identificado como Marset es el resultado de un “supuesto” soplo del jefe de la FELCN, Ismael Villca.
Tras conocerse estas afirmaciones del delincuente uruguayo, el director de la FELCN en declaraciones realizadas a UNITEL negó los dichos de Marset y aseveró que su larga carrera no sería manchada por las acusaciones realizadas por el uruguayo.
Villca calificó como “mentiras” las declaraciones del narcotraficante. “Niego y rechazo rotundamente toda esa información”, enfatizó Villca quien agregó que su trabajo al frente de la lucha contra el narcotráfico “es pulcro e impecable”.
Para el responsable de la FELCN, las últimas declaraciones de Marset forman parte de una operación “que está realizando este sujeto que lo único que quiere generar es una matriz en contra de la FELCN y nuestra Policía Boliviana”.
Con relación al accionar de la fuerza que dirige, aseguró que la misma continuará realizando las acciones necesarias para alcanzar la captura del narcotraficante.
Villca afirmó que ante las “acusaciones” realizadas en su contra por Marset, estaba dispuesto y sujeto a los resultados que se obtengan en ”toda investigación contra él”, reiterando, además que la intención “de este tipo de organizaciones simplemente es debilitar, desorganizar, generar una zozobra, generar un caos”, con vistas a obstaculizar su captura.
Las acusaciones de Marset contra Villca, desataron el rápido respaldo de la Policía boliviana que, a través de su máximo jefe, el comandante general Álvaro José Álvarez, calificó los dichos de Marset como un intento de crear “confusiones, amenazas y miedo”, basándose en “la desinformación y tergiversando la verdad”.
Álvarez subrayó el respaldo de la institución a sus “directores” y al “mando institucional que encabezan las operaciones para propiciar la detención de este narcotraficante” y agregó “como Policía boliviana” la “postura es de rechazo absoluto a estas fraudulentas y temerarias acusaciones que lo único que pretenden es sembrar dudas y confusión, porque en estos tres días se ha logrado afectar ostensiblemente y de forma directa la actividad criminal de este delincuente”.
Esta última afirmación es una clara referencia al impacto que el operativo policial desarrollado tuvo sobre la logística y las finanzas del narcotraficante uruguayo.
Más allá del apoyo explícito al jerarca de la FELCN, la fuga de Marset, quien tiene varios pedidos de captura internacional generó una serie de críticas contra el gobierno boliviano y sus instituciones de quienes se afirma que no fueron capaces de detectar la presencia de Marset durante varios meses.
Estas críticas, sin embargo, por la información disponible, no se ajustan a lo que efectivamente fue sucediendo.
De acuerdo a recientes declaraciones del ministro del Interior uruguayo, Luis Alberto Heber, se habría informado al ministro de Gobierno boliviano, Eduardo del Castillo, el pasado 16 de junio, que el narcotraficante uruguayo se encontraba en Santa Cruz.
La comunicación de su par uruguayo fue confirmada por el propio del Castillo en el curso de una conferencia de prensa luego del fallido intento de captura de Marset.
La información dada por Heber a su homólogo boliviano debe ser matizada, no es cierto como se ha afirmado en algún medio de prensa que el uruguayo hubiera aportado el dato de la ubicación de Marset.
Lo que se comunicó al ministro boliviano, tal y como describe Búsqueda (No.2236), fue una de las tres hipótesis con las que la policía uruguaya trabajaba respecto al paradero de Marset.
Respecto a la ubicación exacta de Marset, la información disponible señala como fuente de la misma a Gerardo González Valencia, quien, de acuerdo a Informativo Sarandí, con el objetivo de reducir su condena en el juicio que se le sigue en Estados Unidos, habría brindado datos sobre el paradero de otros narcotraficantes, entre los que se encontraba Marset.
Más allá del intento de Heber de presentar su comunicación con del Castillo como una “señal” de “trabajo conjunto” entre ambos países, lo cierto es que desde 2008, según consignó Búsqueda (No. 2236) y luego de la salida de Bolivia de la Administración del Control de Drogas (DEA) en ese año, la cooperación y coordinación entre Uruguay y Bolivia perdió sustento institucional y se limitó a las comunicaciones en base a vínculos personales entre autoridades policiales de ambos países.
Fuga y después
El operativo policial contra Marset y su fuga, determinaron que la policía boliviana desplegara poco más de 2.000 policías en un plan operativo que tiene como firme propósito producir la detención del uruguayo.
Fruto del trabajo realizado por las fuerzas policiales del país, se logró identificar al hermano de Marset, Diego Nicolás Alba Marset, quien también usaba cédulas de identidad falsas de tres países distintos, incluido Paraguay, tal y como lo hiciera su hermano.
El viceministro de Régimen Interior y Policía de Bolivia, Jhonny Aguilera informó que, mediante este proceso de ocultamiento de identidad, los miembros de la familia Marset pretendían pasar desapercibidos en el país, siguiendo así una clásica estrategia que utilizan los grupos criminales mejor organizados.
Más allá de estos resultados policiales, hasta el momento la principal interrogante, más allá del optimismo de las autoridades es conseguir ubicar y detener a quien ha sido llamado como “el rey del Sur”.
La madre del borrego
La deriva policial del “asunto Marset” no debe opacar aquello que, desde hace varios meses es objeto de discusión política en el país.
Nos referimos, por supuesto a todo el largo, confuso y por momentos sospechoso, proceso de concesión de un pasaporte uruguayo a Sebastián Marset cuando este se encontraba detenido en Emiratos Árabes, debido a su ingreso al país con documentación apócrifa.
La concesión y entrega del pasaporte ha tenido en el país una serie de instancias, algunas políticas desarrolladas en el Parlamento sin mayores consecuencias y en la actualidad, una judicial.
Sea cual sea el curso que siga la deriva policial del “caso Marset”, en lo que a Uruguay se refiere lo que importa, por su peso en la comprensión del accionar de los grupos criminales dedicados a este tipo de actividad delictiva, es dilucidar si en el proceso de otorgamiento del pasaporte uruguayo existieron ilícitos por parte de los funcionarios implicados en dicho trámite y decisión.
Esa investigación es, como dice el dicho, la madre del borrego.
Foto de portada:
Las cédulas uruguaya y paraguaya que usaba el hermanastro de Marset.






















