LUC, porcentajes y la chismosa de doña María

A poco más de un mes del referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración, la campaña empieza a tomar color y el país es recorrido de punta a punta por los promotores de ambas propuestas. Mientras los del NO salen en patota con notoria prevalencia de las autoridades nacionalistas en el gobierno, los del SI lo hacen en yuntas de sindicalistas, representantes sociales y legisladores, con barriadas por todos los rincones del país.

La estrategia parece ser bien diferente en uno y otro, y -a estar por la impresión personal recogida- los partidarios de mantener la LUC miran recelosos y hasta con cierto temor a los del SI, seguramente pensando en aquella patriada que casi los deja sin gobierno en el ballotage. La movida militante de la campaña del SI prendió las luces de alerta a una coalición de gobierno que apela al debate sucio y rastrero ante la falta de argumentos sólidos que justifiquen el mantenimiento de estos artículos que representan lo peor de una ley que empieza a demostrar sus efectos impopulares en el bolsillo de los uruguayos.

Mientras intentan sostenerlos apelando al miedo y la desinformación, la ola rosada se despliega a lo largo y ancho del país desembarcando información y acompañando el sentimiento social de descontento que empieza a ser cada vez más notorio. La chismosa de doña María cada vez más vacía a la hora de ir al almacén o al supermercado…

¡¡Me vas a decir a mí!!

En una plaza del interior del país, una vecina se acercó a los promotores del SI para conocer argumentos que le convencieran para definir su voto. «Soy jubilada», empezó diciendo, «(y) quiero que me expliquen por qué tendría que votar el SI a la derogación». Escuchó las razones y cuando llegó el punto de los aumentos de combustibles dispuestos a partir del nuevo sistema de actualización impuesto por esta ley, enseguida entendió lo impopular de la misma. «Los precios de los combustibles impactan en el resto de los productos de la canasta básica…», argumentaba el Senador, cuando fue interrumpido abruptamente por la vecina: «Me vas a decir a mí!, Que voy a la feria y lo que antes traía por $500 ahora me cuesta $1.000!!». Lapidario razonamiento de quien resumió en pocas palabras lo perjudicial de uno de los 135 artículos que se pretenden derogar el 27 de marzo próximo. Para esa vecina, jubilada, el porcentaje de afectación es total y no hay mejor encuesta para definir su voto que la de su propio bolsillo.

Por eso es que, si bien hay que leer las estadísticas, estas no son la verdad revelada ni mucho menos. También hay que escuchar a la gente de a pie, la que muchas veces, (la mayoría), nunca fueron encuestadas.

Las cifras sirven para representar un estado de situación y medir la marcha de la economía, por ejemplo. También sirven para evaluar una gestión y, aunque no sea la forma más correcta, son consideradas como un indicador de la eficacia o el déficit de su trabajo. Así es que se evalúa como buena o mala la tarea del Ministerio del Interior, por ejemplo, tomando como dato las estadísticas de denuncias de los delitos. Algo que tiene debilidades importantes hoy por la falta de credibilidad de los números. Desconfianza que sembró una administración que incurre en prácticas que desestimulan el registro, no tomando las denuncias en el lugar de los hechos o aumentando el dato de «muertes dudosas» (que no se cuentan en las estadísticas), de manera significativa y sin que se expidan razonables argumentos que lo justifiquen. A tal punto llega el descrédito que por primera vez desde que se llevan registros, una entidad internacional de prestigio como InSigth Crime, puso en duda los datos oficiales.

Peor aún es que se utilicen argumentos falsos para sostener un estado de situación irreal sustentado en los números (dudosos) que ofrecen las estadísticas. Datos que eluden deliberadamente el impacto de la pandemia del Covid-19, verdadera razón de la baja no sólo en Uruguay sino en el mundo entero.

Con falsos argumentos como la liberación de presos si se derogan los artículos relativos a la seguridad, o que se le quitará el respaldo a la Policía si triunfa el SI, resulta muy difícil mantener un nivel de intercambio razonable. Pero, como a la mentira hay que desnudarla de forma contundente, las estadísticas pueden contribuir -en este caso- para hacerlo.

Así es que, cuando nos vienen a decir que de ganar el SÍ vamos a perder seguridad, tenemos que razonar usando sus mismos argumentos. Voy a recordarles un episodio que tuvo como protagonista a un Ministro destituido en esta administración – Germán Cardoso- cuando, en ocasión de una presentación de cifras de homicidios por FUNDAPRO, en el Parlamento, se refirió a los periodistas presentes diciéndoles que «la próxima víctima podría ser alguno de ustedes». Una posibilidad remota, que estaba muy por debajo del 1% de probabilidad, pero que se quiso mostrar como altamente probable. Claro que -al igual que hoy- a ningún periodista se le ocurrió hacer el cálculo.

Pues bien, con el tema de la derogación de lo peor de la LUC pasa algo parecido ya no en el tema seguridad (donde la probabilidad de ser víctima es relativamente baja), sino en la economía, donde allí sí la probabilidad de sufrir los efectos negativos de esta ley en el bolsillo de los uruguayos es del 100%. En efecto, de mantenerse el sistema de ajuste de los combustibles impuesto por la LUC, seguiremos padeciendo ese impacto de forma irremediable sin importar si tenemos o no vehículo, porque el precio de los combustibles es un insumo que afecta a toda la cadena productiva. Así es que lo sufrimos cada vez que vamos a comprar el surtido, por ejemplo. Así, lo sufre la chismosa de doña María que se llena cada vez menos costándole cada vez más…

Esa probabilidad, es irrefutable en términos reales y puramente legales, en tanto la norma es bien clara y precisa al respecto. Claro que ese nivel de certeza tiene un sesgo y es el de la decisión política de aplicarla o no. Tal como ha venido ocurriendo a partir que se conocieron las 800 mil firmas que dieron paso al referéndum, lo que puso un freno en un mecanismo perverso de ajuste del precio de los combustibles como el que prevé la LUC. Además, es muy poco probable que una vez que los productos suben su precio luego bajen si ocurre que los combustibles ajustan a la baja siguiendo el curso del precio internacional del barril de petróleo. A todas luces es un sistema tan inestable que basta con ver la evolución del precio del crudo para comprender que nos llevaría a un imaginario indefinido de subas y bajas constantes que no se derramaría en la canasta porque los precios de los productos no bajarían al mismo ritmo, ante el probable escenario de suba posterior.

A esta altura, es un capricho demasiado caro no solo para el bolsillo de los uruguayos (o la chismosa de doña María), sino para la propia economía uruguaya. Porque termina afectándonos como país en el sentido que ningún inversor pondrá sus capitales en riesgo si el país no le asegura cierta estabilidad en el precio -nada menos- que de uno de los insumos principales de todo emprendimiento productivo como son los combustibles. ¿Acaso piensan que un inversor asumirá el riesgo de venir a instalarse sin saber con certeza a qué precio deberá pagar el combustible para su negocio? ¿Puede pensarse que un inversor dejará librado su plan de negocios a la incertidumbre de no saber el precio final de uno de los insumos principales de cualquier cadena productiva? No hay economía que lo resista, por eso es que los países en que se aplicó, abandonaron esta forma de ajuste y fueron por la fijación anual ponderada, que asume costos en tiempos de precios al alza y amortiza los mismos cuando el precio internacional baja. Pero, manteniendo estabilidad temporal de precios lo que permite una planificación ordenada a cualquier inversión.

Sabemos que el tema es ideológico, pero cuando a la ideología se le suma el capricho o la soberbia de no reconocer el error, solo se puede esperar que el panorama empeore.

Por eso y por otras 134 razones, hay que Votar SI…

el hombre colgó su balconera,

al perro le pintaron la casilla de rosado… 

Fernando Gil Díaz – «El Perro Gil»

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