Nicaragua bajo fuego estadounidense de “nuevo tipo”

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Por Rolando Arbesún

Las discusiones sobre la “situación” actual en Nicaragua han venido tomando cada vez más una peculiar notoriedad.

En Uruguay, para no ir más lejos, desde tiendas políticas diversas han emergido críticas y valoraciones de rechazo y denuncia.

El eje central de estas manifestaciones ha sido Daniel Ortega y por su intermedio, la inmensa mayoría de los “análisis” al centralizarse en la figura del ex guerrillero sandinista, impiden observar que cuando se califica al país como sufriendo una “dictadura”, se olvida que existen otras realidades.

Han sido, justamente, estas “otras realidades” las que, en un reciente análisis, el economista y ex líder del grupo guerrillero argentino Montoneros, Mario Eduardo Firmenich, desbroza 13 realidades que explican la situación de Nicaragua.

El eje central del análisis de Firmenich radica en contrastar lo que se debate sobre el país centroamericano y las falsas noticias que sobre el mismo despliegan los Estados Unidos.

Firmenich lo resume de esta forma: «esta campaña de fake news de los multimedia oligopolizados no es otra cosa que un bombardeo de nuevo tipo».

En el análisis publicado por el portal de noticias APU, el ex líder montonero enumera 13 aspectos sin los cuales no es posible comprender lo que pasa, tanto en Nicaragua, como lo que con estas falsedades que circulan se pretende conseguir:

“1) Las leyes electorales que rigen en Nicaragua fueron hechas por el último gobierno de la derecha que gobernó del 2001 al 2006.

Como el FSLN les ganó las elecciones del 2006, ahora no les convienen”.

Al comentar las últimas modificaciones que se han realizado a las mencionadas leyes, “con las que se acusa de “montar un fraude” al gobierno”, están relacionadas con las disposiciones que indican “que el 50% de los cargos electivos deben ser ocupados por mujeres”.

“¡Parece que la oposición no tiene mujeres suficientes para completar las listas electorales!” ironiza Firmenich, quien agrega que la otra modificación se refiere “a la prohibición de que los partidos políticos puedan ser financiados desde el exterior”; algo que recuerda “rige en cualquier país serio” y por lo cual “López Obrador sufre un acoso de USA”.

Al describir a la llamada “oposición nicaragüense”, el calificativo usado es terminante “es una “bolsa de gatos” sin gran representatividad social. Sus partidos políticos no mantienen ninguna existencia orgánica fuera de los períodos electorales”.

La única excepción a semejante deslegitimación es la del FSLN, “el único partido que existe con gran organización de modo permanente en todo el territorio nacional”.

En el país centroamericano, recuerda Firmenich, “hay 19 partidos políticos reconocidos legalmente. Uno es el FSLN. Otros 16 partidos (incluyendo varios partidos indígenas) son aliados del FSLN” y remarca, “sólo hay 2 partidos opositores inscriptos legalmente y además se pelean entre sí”.

“La oposición que participa de las elecciones no pretende ganarle la presidencia a Daniel Ortega porque sabe que es imposible. Se pelean entre sí para ver quien es segundo, para acceder a las ventajas y prerrogativas que la ley electoral, que hizo la derecha, le concede al segundo”.

Así las cosas, continúa describiendo el economista argentino, “la oposición más violenta intentó derrocar por la fuerza al gobierno en 2018 y luego pretendió que el gobierno negociara con ellos “reformas democráticas” sin ser ni siquiera partidos políticos, sino “ONGs”, autotituladas como “la sociedad civil”, financiadas por la CIA y la USAID”.

Con respecto a las “causas penales contra la Fundación Chamorro y sus miembros”, el analista destaca que “no son un invento de “lawfare”.

“El lavado de dinero existe porque esta fundación, que actuaba como fuerza opositora sin ser un partido político, recibía explícitamente financiación de Estados Unidos. Aprobada la ley que prohíbe financiación extranjera a la actividad política, la fundación debía registrarse como “agente extranjero” para quedar legalmente autorizada a seguir recibiendo tales financiaciones”.

Sin embargo, añade, “no quisieron hacerlo porque se descalificaban políticamente y entonces se dedicaron a blanquear en su contabilidad el dinero recibido de las agencias estatales de Estados Unidos. Las pruebas documentadas del blanqueo de dinero son claras en los registros contables de ellos mismos”.

Al referirse a “los ex sandinistas recientemente encarcelados”, aclara que ellos no califican como “la disidencia interna que cuestiona el poder personalista de Daniel Ortega”.

Se trata afirma, de “los que abandonaron el FSLN hace 30 años cuando perdieron las elecciones”.

Todos ellos, en la actualidad, “están procesados en causas penales por traición a la patria porque conspiran ilegalmente con los Estados Unidos para sabotear las elecciones y derrocar al gobierno”.

Al describir lo que denomina como “la cultura política del pueblo nicaragüense”, Firmenich destaca que la misma “no es ni nunca ha sido demoliberal al estilo europeo”.

Se trata de una cultura que “tiene raíces campesinas y étnicas indoamericanas, con minorías afrodescendientes”.

“El 40% de la población de Nicaragua es actualmente campesina y vive en las tierras concedidas hace 40 años por la reforma agraria de la revolución sandinista. Otro 30% de la población es campesina o hijos de campesinos que se urbanizaron en pequeñas cabeceras de municipios, en ciudades medianas capitales de departamento y en algunos barrios de Managua.

La gran masa de este sector demográfico es sandinista desde la revolución de 1979 y vive con agradecimiento a las políticas del presidente Ortega que desde 2007 le permitió mejorar su nivel de ingresos y su calidad de vida (salud, educación, luz eléctrica, caminos pavimentados, alimentación para todos, capitalización de la economía familiar, sostenibilidad medioambiental y equidad de género). A esta población no le importa en lo más mínimo que a la señora Cristiana Chamorro y sus socios los encarcelen”.

Firmenich completa la descripción demográfica de Nicaragua señalando que existe “un pequeño porcentaje de población claramente blanca española, la mayor parte de la cual son restos de la oligarquía somocista y de los antiguos escasos sectores medios que estaban al servicio de ella”.

Un sector que sin dudas “es violentamente hostil al sandinismo” y que “su único modo de recuperar el poder sería una intervención norteamericana para derrocar al gobierno y eso es lo que intentan”.

“El resto” de la población, “es una reducida clase media urbana surgida gracias al progreso económico y social de la gestión presidida por Daniel Ortega entre 2007 y 2018, cuando el fallido intento de golpe de estado violento interrumpió el proceso de crecimiento económico”.

En lo que respecta al panorama electoral, el análisis del economista argentino insiste en que “la realidad sociopolítica es que Daniel Ortega y el FSLN ganan las elecciones muy cómodamente con bastante más del 50% de los votos”.

Y agrega. “el encarcelamiento de opositores vinculados a la injerencia norteamericana, autotitulados “precandidatos” (que no están inscriptos como tales por ningún partido legalmente habilitado para las elecciones), no es una “represión totalitaria necesaria para ganar las elecciones”. Cristiana Chamorro, en las encuestas más favorables (suponiendo que fuera candidata de la oposición unificada) tiene un 21% de intención de voto y en las encuestas más desfavorables (suponiendo que fuera candidata sólo de “su” partido, por ahora inexistente) tiene apenas un 5%”.
Las prisiones preventivas, que se han dictado en el país “por el blanqueo del dinero que financia la injerencia electoral norteamericana se ajustan a derecho”.

“Para la cultura política no-demoliberal dominante en Nicaragua no tiene ninguna importancia que se los detenga cuando se está iniciando el proceso electoral (…) para países culturalmente demoliberales como los europeos occidentales (o quasi-demoliberales, como Argentina y México) esto parece un “atropello dictatorial que impide una justa competencia electoral”.

“En Nicaragua no existe esa hipocresía seudo-demoliberal y por eso los detienen en el momento procesal que toque, al margen de la campaña electoral, porque las elecciones las gana el FSLN de todos modos, sin necesidad de fingir que son democráticos”.

“No existe”, agrega, en el país, “ninguna movilización social reclamando por las detenciones de los Chamorro y sus socios”.

La posición de la Iglesia Católica y sus sectores más conservadores, quienes habían apoyado el levantamiento golpista de 2018, hoy tienen “una posición “opositora elíptica” en las homilías, pero llamando a la paz”.

Al parecer señala, hubo una rápida intervención del Papa Francisco, quien “con la habitual discreción vaticana”, removió “a los curas más violentos” e indujo “a este cambio de discurso político”.

No hay con respecto a “la figura y el mensaje del Papa Francisco” ningún tipo de restricciones, ellos “son públicamente difundidos y destacados elogiosamente por el propio gobierno”.

“La Constitución y la legislación electoral nicaragüenses son jurídicamente democráticas y pluralistas; en ese contexto, la realidad sociopolítica muestra un sistema pluralista de partido hegemónico”, característica esta que no obedece a “maniobras proscriptivas del sandinismo, sino que es la manifestación política natural de una sociedad con muy escasa diversidad de clases sociales”.

La hegemonía del FSLN es el resultado de que es “el único partido nacional que representa y favorece el progreso socioeconómico y el orgullo nacional de la inmensa mayoría indoamericana y afrodescendiente, siendo capaz de construir alianzas con los partidos regionales e indígenas”.

No existe a simple vista en Nicaragua, ausencia de paz social, lo que se observa en el panorama nacional, agrega Firmenich es una paz social “muy superior a la que existe en Argentina y en México (ni comparar con lo visto en Colombia, Ecuador o Chile)”.

“No existen piquetes que corten calles o rutas; no hay huelgas sindicales ni hay lock out patronal que paralicen al país”.

De la misma forma no “existe violencia social/criminal del tipo de las maras salvadoreñas ni violencia de grandes bandas de crimen organizado. No hay asaltos a bancos, ni secuestros de empresarios, ni mafias violentas de narcotraficantes como en México o como en la ciudad de Rosario en Argentina”.

Si se recorren “los mercados populares y los shopings y centros comerciales de la clase media y alta”, se observará como estos “exhiben un funcionamiento socioeconómico normal, en paz y sin tensiones visibles”.

Sobre la tan nombrada en estos días faltas de libertades democráticas y de expresión, señala: “en Nicaragua se ven libremente más de 80 canales de televisión.

Hay varios canales de TV nicaragüenses privados independientes (canales 10, 12, 14, 23) que expresan diversos grados de agresividad opositora. Gozan de una libertad de expresión que puede considerarse hasta excesiva; el canal 10 es el más violento y es normal escuchar cualquier día que digan que “el dictador Daniel Ortega es un criminal que anda asesinando campesinos” ¡sin que nadie les diga nada!”

Del mismo modo,” la Iglesia Católica tiene un canal propio que transmite con total libertad lo que se le ocurra, incluyendo las homilías del Cardenal en todas sus misas en directo. Por otra parte, también se ve el canal de televisión del Vaticano en español, que goza de idéntica libertad de expresión”.

Junto a todos estos canales, “también se pueden ver libremente por TV la CNN en español e inglés, el canal Euronews, la TVE española, la cadena Caracol de Colombia, varios canales mexicanos, Telesur, RT y el canal chino CGTN en español”.

Como parte de los medios oficialistas “existen varios canales de TV, algunos de ellos son privados afines al gobierno, y un canal oficial parlamentario”.

“El único canal de TV que fue clausurado incurrió en graves delitos instigando explícitamente y dando instrucciones operativas en tiempo real para que las turbas golpistas destruyan e incendien instalaciones públicas y de militantes sandinistas durante el golpe fallido de 2018”.

La limitación a “la edición en papel del diario La Prensa” se produce “por la sencilla razón de que no existen los kioscos de diarios y revistas ni los “canillitas” que venden a viva voz los diarios en una esquina. El diario se vende por suscripción a la reducida clase media y alta. La inmensa mayoría social no lee diarios de papel”, pero la “edición digital del diario La Prensa se publica cotidianamente sin ningún problema”.

Lejos de lo que suele afirmarse y repetirse hasta el cansancio, “Nicaragua no se parece en nada a un país comunista y su sistema económico está lejos de ser estatista”.

Como evidencia de los anterior señala que “no existe un banco comercial del estado, como el Banco Nación o los Bancos Provincia o Banco Ciudad en la Argentina” y “la ley no autoriza la constitución de bancos cooperativos”.

“Todos los bancos comerciales son privados y opositores, que se dan el lujo de boicotear las operaciones financieras cotidianas del gobierno, al extremo de que hay empleados públicos que tienen que cobrar sus salarios en el Banco Central”.

Tampoco existen en el país las “grandes empresas estatales. Hay libre convertibilidad monetaria entre el córdoba y el dólar, pudiendo pagarse con dólares en cualquier comercio y no hay fijación de precios por el gobierno”.

En este sentido describe que “la planificación económica es indicativa y hecha a partir de la demanda; está ejecutada por protagonistas privados de la economía familiar y cooperativa. Las instituciones gubernamentales prestan su ayuda técnica y financiera para que esos actores socioeconómicos populares puedan implementar los planes nacionales del desarrollo económico y social”.

Existen en Nicaragua, “grandes empresas extranjeras funcionando sin ningún inconveniente (incluyendo empresas como Cargill o cadenas hoteleras multinacionales). Las principales inversiones extranjeras están dentro del régimen de Zona Franca y por lo tanto no pagan ningún impuesto”.

Sobre el final de su extenso análisis, el ex líder de Montoneros se pregunta:

“¿Cómo se explica que esta realidad merezca la avasallante y súbita campaña mediática mundial para implantar, como “posverdad”, las fake news de que una dictadura populista-comunista está suprimiendo la libertad de prensa, encarcelando a los candidatos opositores que ganarían las elecciones y persiguiendo a los disidentes sandinistas que se opondrían dentro del partido oficialista al personalismo dictatorial de Daniel Ortega?”

Y la respuesta a esta interrogante es contundente:

“Esta campaña de fake news de los multimedia oligopolizados en la globalización neoliberal no es otra cosa que un bombardeo “de nuevo tipo” contra un estado y un pueblo soberanos en la Tercera Guerra Mundial en curso.

Vivimos una guerra que es simultáneamente una típica disputa geopolítica entre potencias (por ahora sin misilazos estratégicos) y también una guerra civil mundial genocida, declarada por el establishment económico de la globalización contra los pobres del mundo; el objetivo es despojar a los pueblos pobres de su soberanía sobre los recursos naturales cada vez más escasos y reducir la población mundial”.

“¿Qué otra cosa que defenderse con sus propias leyes pueden hacer los estados y pueblos soberanos cuando una potencia extranjera les intenta promover una guerra civil interna para derrocar al gobierno y destruir su sistema social?”, termina interrogándose el economista argentino.

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