Por Gonzalo Perera
En su traducción literal, el término inglés “offshore” significa “fuera de las costas”. En términos financieros, significa un intrincado mundo de instituciones y operaciones, pero donde la traducción literal ayuda. Así, la banca “offshore” que opera en Uruguay puede realizar transferencias, colocaciones, etc., en entidades financieras fuera del Uruguay, operando bajo ciertos permisos, regulaciones y controles que en general son más laxos que los de la banca local y que implican mayores riesgos para quien allí coloca sus dineros, aunque también mayores márgenes de rentabilidad. En ocasiones, son mecanismos para sacar fondos del país, eludir al fisco u otras prácticas delictivas. Insistimos en que estamos simplificando un mundo intrincado y complejo, pero enfatizando lo esencial.
En 1977 y con sede central en Panamá, Jürgen Mossack y Ramón Fonseca Mora fundaron la firma de abogados Mossack-Fonseca, con más de 500 empleados distribuidos en 40 países. Su giro: el diseño y la ejecución de operaciones offshore. Su clientela: unas 300 mil empresas, incluyendo las principales entidades financieras del mundo y a numerosas celebridades e instituciones internacionales. Su especialidad: la creación de empresas en paraísos fiscales como las Islas Caimán, las Islas Vírgenes, Barbados, Seychelles, etc. Muchas de ellas, empresas “fantasma”, una herramienta fundamental para el lavado de dinero. Una variante de su especialidad: la colocación de dineros personales de poderosos y/o célebres en cuentas “fantasma”, dentro de empresas creadas a los efectos de que en sus países evadan tributos, o puedan hacer negocios “non sanctos” sin quedar expuestos.
A partir del 3 de abril de 2016, a través de 106 medios de 79 países y por varios meses, estalló el escándalo de los “Panamá Papers” (Documentos de Panamá), la exposición de un volumen sideral de información surgida de la interna de Mossack-Fonseca a través de una fuente anónima. Para dar una idea del volumen de información revelada, la misma ocupaba en disco 2,6 Terabytes (1 Terabyte= mil Gigabytes) e incluía, además de otros muchos archivos, la friolera de 4.804.618 correos electrónicos y 1.117.026 imágenes.
Entre los involucrados en operaciones sucias, se encuentran grandes organismos internacionales, bancos, Mauricio Macri, Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Hernán Büchi (Chile), Mario Vargas Llosa, y un muy largo etc.
Con ese antecedente se puede contextualizar lo que acaba de ocurrir bajo la denominación de “Pandora Papers” (Documentos de Pandora, en alusión a la mitología griega), que se revelan a partir del pasado 3 de octubre por parte del ICIJ (siglas en inglés del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación). El volumen total en disco de la información involucrada es 2,94 Terabytes, 13% mayor al caso previo.
Nuevamente se trata de operaciones offshore y secretas en paraísos fiscales o empresas fantasmas, con peligrosa cercanía a prácticas delictivas. Nuevamente numerosas empresas e instituciones internacionales aparecen salpicadas. En materia de personalidades de diverso tipo la lista es harto extensa y variopinta: Zulemita Menem, Jaime Durán Barba, Mauricio Macri (reincidente), Mario Vargas Llosa (otro que repite), etc.
Pero hay casos muy particularmente graves: como el del Presidente en ejercicio de Chile, Sebastián Piñera, respecto a quien la oposición anunció el martes 5 de octubre la presentación de un recurso constitucional para lograr su destitución. En Colombia aparecen los ex presidentes César Gaviria y Andrés Pastrana, así como ministros y embajadores del actual gobierno. En Honduras el expresidente golpista Porfirio Lobo. En México el ex presidente Enrique Peña Nieto. En Ecuador el presidente banquero en ejercicio, Guillermo Lasso.
No vamos a seguir con una descripción que requeriría mayor espacio y precisión. Sí queremos reflexionar sobre algunos hechos que saltan a la vista en estos episodios.
En primer lugar, que los demonios con cuernitos contra los que la derecha internacional dispara dardos un día sí y el otro también, no aparecen en la lista. Los referentes de la derecha internacional, en cambio, suelen tener un presentismo admirable. El profeta del cipayismo, Mario Vargas Llosa, por ejemplo, tiene cero faltas. Más aún, la sociedad de los propietarios de los medios de prensa hegemónicos, la SIP y el operador político del Departamento de Estado en la región, la OEA, aparecen salpicadas. Sería interesante escuchar su alegato…
En segundo lugar, si bien aún no es posible saber demasiado sobre la materialidad involucrada en los “Pandora Papers”, es razonable suponer que sea mayor a la de los “Panamá Papers”, cuyas diversas estimaciones se sitúan todas, en volumen de giro anual, por encima de lo requerido para erradicar la extrema pobreza del mundo. Esto no admite dos lecturas y es imposible que no genere asco visceral.
Si simplemente las astronómicas cifras de dinero sucio, que estas filtraciones dejan en evidencia, se destinarán sistemáticamente a la atención de las situaciones de extrema pobreza en diversas partes del mundo, se terminaría con las mismas. De tan simple que es la constatación, a uno lo abruma la sensación de estar ante la más franca podredumbre. Podredumbre humana, no me refiero a aquella entre la que tienen que vivir los desahuciados de la Tierra, sino a la podredumbre moral de los poderosos corruptos involucrados en los escándalos.
Por aquí también hay novedades: según el medio argentino Página 12, a raíz de estas revelaciones “Uruguay volvió este martes a la lista gris de países que la Unión Europea (UE) elabora con aquellas naciones que incumplen los estándares europeos en materia de transparencia e intercambio de información fiscal pero que prometieron cambiar su legislación. En esa nómina también están incluidos Costa Rica, Hong Kong, Macedonia del Norte, Malasia y Qatar. El país había logrado dejar la lista gris en marzo de 2019, durante el último año del Gobierno de Tabaré Vázquez, tras aprobar una evaluación técnica hecha en el marco del Foro de Prácticas Fiscales Nocivas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la entidad encargada de hacer recomendaciones a la UE”.
Más allá de la polémica sobre el alcance de esta decisión y a que se debe, debo confesar que no me causa insomnio como nos califique la UE, pero ante la constatación genuina de una Humanidad donde, en una punta, una cantidad inmoral de seres humanos padecen hambre y las más elementales privaciones, y donde por otra punta un reducido grupo de inmorales acumulan sumas ingastables en una constelación de vidas, y encima las esconden para no perder algún puntito porcentual por impuestos, o para hacer todo tipo de chanchadas a su antojo, me hace preguntarme de qué lado quiero estar. Como siempre, me respondo: contra la Podredumbre del Poder.
La nota de Página 12, unida al nada menor detalle que dentro de los 135 artículos del Manifiesto Neoliberal Salvaje se incluyen medidas que facilitan el lavado de activos, exhibe entonces una clara visión de lo que estamos viviendo: un país que abandona los cauces de la solidaridad y se asoma a dejarse hacer por las cataratas de la podredumbre humana.
No es sencillo enfrentar la inmensa madeja de poder y las maniobras que acaban de revelarse a nivel global.
Pero al menos en Uruguay tenemos una muy efectiva manera de aportar nuestro granito de arena: votar e invitar a votar por el SI al Uruguay de los derechos, que es una privilegiada ocasión de manifestarse contra la podredumbre del poder.























