Culminó el XXXII Congreso del PCU, “Centenario del Partido Comunista”. Su impacto se deja sentir, y es muy positivo. Se pueden decir muchas cosas del Congreso, pero hay una que las resume todas: fue un Congreso revolucionario.
Lo fue por sus objetivos y por lo que logró sintetizar. Porque a veces se tienen claros los objetivos, pero no se logran concretar los caminos para llegar a ellos. El Congreso si lo hizo.
Fue un Congreso revolucionario porque el PCU, en él, se planteó avanzar hacia la revolución. Asumió el presente desafiante, el avance de las clases dominantes y el impacto del gobierno de sus expresiones políticas, pero no renunció al futuro. En el informe de apertura de Juan Castillo, recogiendo lo que decían las tesis preparatorias, se plantearon con claridad los ambiciosos objetivos del Congreso: “El PCU, uruguayo, frenteamplista y comunista, que cumplió 100 años de lucha” se propone como tarea “con el método creador del marxismo-leninismo, la filosofía de la praxis, pensar el Uruguay, su conformación económica, social y cultural; definir una ruta teórica para su transformación y desarrollar una táctica política y una herramienta organizada para llevarla adelante. Se trata de construir el camino para la revolución en el Uruguay, de disputarle la hegemonía a las clases dominantes que la detentan”. Y a eso se dedicaron las y los comunistas en estos tres días.
Fue un Congreso cargado de política y de lucha. Porque no fue autorreferencial, ni con una mirada interna. Fue de cara a nuestro pueblo, a sus luchas, a sus demandas. Fue una síntesis de las luchas de nuestro pueblo, pero hecha por protagonistas. No se abordaron desde la ajenidad, por comentaristas o analistas de la realidad. Las luchas populares fueron debatidas, contadas, criticadas, por quienes las protagonizaron, desde la pertenencia y con el objetivo de contribuir para luchar mejor.
Porque fue unitario. Y como la revolución es una obra del pueblo organizado como sujeto y protagonista, se propuso defender y hacer avanzar la unidad del pueblo. Fue un Congreso de unidad, rodeado de Frente Amplio y de organizaciones populares. Eso quedó reflejado con claridad prístina en el acto inaugural.
Fue un Congreso revolucionario porque fue internacionalista, antimperialista. De denuncia del capitalismo, de solidaridad con Cuba, de exigencia del fin del bloqueo criminal con que el imperialismo la asedia. De definición clara y firme por la paz, contra todas las guerras. De solidaridad con las luchas de los pueblos de nuestro continente y del mundo. Rodeado por la presencia y los mensajes de todos los rincones del planeta.
Porque trazó una perspectiva que contiene un objetivo y un camino. “Un Congreso de esperanza, de llamado a la unidad, a promover la lucha, para organizar la ofensiva popular que nos permita enfrentar la restauración conservadora, derrotarla, reconquistar el gobierno nacional para el pueblo, con el Frente Amplio, con un bloque histórico político y social de los cambios más fuerte, con más peso e incidencia, para avanzar en democracia hacia una democracia avanzada”. Porque dijo con claridad que, como resumen de las luchas libradas, tenemos un bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios, más fuerte, en sus componentes principales y en su globalidad, capaz de disputarle la iniciativa política al bloque de poder, como lo demostraron las 800 mil firmas y el resultado del referéndum contra 135 artículos de la LUC, pero aún no alcanza. Se necesita más pueblo organizado, más amplitud en su composición, más diálogo con la sociedad toda. Y para ello señaló que el Congreso del Pueblo, convocado por el PIT-CNT, es un aporte valioso y un camino para sostener los niveles de unidad y organización alcanzados por el campo popular, proyectarlos y dar un salto en calidad, lo que incluye una expresión programática de estos avances.
Porque fue un Congreso de Partido. Con enorme madurez colectiva reflejó, en su composición, en los debates y en las resoluciones tácticas y estratégicas el mayor peso del PCU en la sociedad. Con los 975 delegados titulares y los más de 200 suplentes acreditados, de los 19 departamentos del país, fue el más grande los últimos tiempos. Porque asumió los avances, pero discutiendo de frente los problemas, sin esconder ninguno, trazando caminos para resolverlos y con el compromiso de construir un Partido más grande, más organizado, con más lazos que lo unan a nuestro pueblo y sus luchas, con más incidencia en la sociedad que quiere transformar. Un Partido y una UJC a la altura de los desafíos que se plantean y de las necesidades de nuestro pueblo.
Fue un Congreso revolucionario porque logró una síntesis superadora de lo que puso en discusión. Y, además, lo logró en el plano de las ideas, de las propuestas y también en la dirección. El Congreso eligió un Comité Central con casi la mitad nueva; paritario por primera vez en la historia, y esto sin cuotas, por la convicción de las y los que lo votaron; con mayor presencia del interior del país y con una importante renovación generacional.
Revolucionario por la forma en que logró todo esto. Por el proceso del cual estos tres días en el Club Cordón son la culminación. Más de 300 organismos reunidos en todo el país. Meses de debate en medio de la lucha. Centeneres de aportes. Las agrupaciones discutiendo su realidad, la de la fábrica, el centro de trabajo, el barrio, el departamento y aportando luego a la perspectiva general. Fue una expresión democrática genuina, profunda. Y también, porque las discusiones, apasionadas, intensas, se dieron con fraternidad, cuidando y respetando a las y los compañeros y la herramienta colectiva de lucha, que no otra cosa es el Partido Comunista. Fue un Congreso fraterno y la fraternidad es un atributo revolucionario.
Y fue un Congreso revolucionario porque estuvo compuesto por revolucionarios y revolucionarias. Por ex presas y presos, exiliados, resistentes al fascismo, pero también por las y los que organizaron las ollas populares, y antes militaron el Voto a Voto para pelearle la elección a la derecha, el No a la Baja de la Imputabilidad y el no a la reforma del miedo. Los que conquistaron la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial. Las y los que ahora construyen Frente Amplio en los Comité de Base, organizan los sindicatos y dan la pelea, están en los barrios y en todo el entramado de organizaciones populares, construyen vivienda popular y luchan en FUCVAM, militan en ONAJPU, defienden una perspectiva transformadora en la Universidad y la educación pública, hacen arte y cultura popular. Las que se integran a la lucha por la igualdad en los movimientos feministas. Pelean en defensa del medio ambiente. Las y los que defienden el derecho a ser, en las múltiples formas del movimiento de la diversidad sexual. Las y los que trabajan cada día, en la ciudad y en el campo. Las y los que caminaron el país entero juntando firmas y peleando votos por el SI. Las y los que construyeron un Congreso de unidad y perspectiva en el PIT-CNT. Las y los que aportaron al Congreso del Frente Amplio y a sus elecciones internas, su fortalecimiento, con un gran respaldo al FA, a sus bases, a Fernando Pereira como presidente y a la 1001. Las y los que cada día contribuyen a los gobiernos departamentales y municipales del FA. Las y los que pelean en el Parlamento por los derechos del pueblo. Las y los que protagonizaron, en estos últimos meses, el acto de la 20 multitudinario, el 1° de Mayo más grande de los últimos años y el 20 de Mayo, la fecha patria, la pueblada inmensa contra la impunidad.
Fue un Congreso revolucionario porque fue de militantes y la revolución se milita, no se declama.
¿El Congreso resolvió todo? Por supuesto que no. Fue revolucionario porque asumió críticamente todo lo que falta, que es mucho.
Pero fue una contribución a las luchas de nuestro pueblo. Y por eso emocionó y emociona. Por eso las caras cansadas, pero felices en las largas horas de debate. Por eso los abrazos. Por eso la emoción de las y los luchadores curtidos en mil batallas, cuando miraban orgullosos su siembra. Y la de las y los que hacían su primer Congreso. Por eso la emoción al final y La Internacional gritada más que cantada.
Porque las y los comunistas y su partido, el PCU, sintieron y sienten que hicieron una contribución a la lucha de nuestro pueblo y que salieron mejor de lo que entraron al Congreso.
También fue un Congreso revolucionario porque nos revolucionó a todas y todos, individual y colectivamente.
Por eso dan ganas de contarlo. Que quede en el corazón y en la mochila de cada una, de cada uno, que nos acompañe en las luchas del hoy y en las que están por venir.























