Federico Araya, economista.
Con este título arrancaba la presentación de la ministra de Economía y Finanzas, Azucena Arbeleche, ante la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda de la Cámara de Representantes el pasado miércoles, en el marco de la discusión de la Rendición de Cuentas 2023.
Lo cierto es que uno no podría estar más de acuerdo, el modelo económico llevado adelante por el gobierno en este período, es completamente diferente al emprendido por el Frente Amplio en sus anteriores administraciones y contraponen dos visiones de país.
Por un lado, este gobierno dejará a la próxima Administración, una situación fiscal compleja, con un déficit del sector público que rondará 4% del PIB (similar al nivel de 2019) y con un nivel de deuda pública neta que estará próximo al 55% del PIB, claramente superior al heredado en 2019, donde se ubicó en 44%. A la vez, este gobierno dejará un déficit social que es aún más grave, pues la incidencia de la pobreza en el año 2023 afectó al 10% de la población (1.2 puntos superior al 8,8% del 2019), siendo particularmente grave la situación en hogares con niños y jefatura femenina. De hecho, uno de cada cinco niños menores de 6 años vive en condiciones de pobreza, cuando en el 2019 eran el 17% (lo que implica una suba de 3 puntos porcentuales). Asimismo, la desigualdad en este período de gobierno se ha incrementado, el 10% de la población de mayores ingresos amplió su ventaja frente al 10% de la población de menores ingresos.
La presentación de la ministra contó con 25 diapositivas, no hubo ni una sola mención sobre este déficit social que este gobierno dejará al próximo, y en cuánto a la situación fiscal se limitó simplemente a poner excusas de las más variadas. A continuación, repasamos algunas de ellas.
Para empezar, la exposición de motivos del proyecto de Rendición de Cuentas menciona innumerables veces las palabras “pandemia, Covid, Rusia, Ucrania, sequía”. En los primeros 30 segundos de su intervención, la Ministra hizo referencia a todas ellas y expresó que, a pesar de todo, la economía uruguaya había superado con creces las dificultades del contexto internacional, con especial cuidado de los dineros públicos. Sin embargo, esto no es cierto y las dificultades que enfrentará la próxima administración, heredadas de este gobierno, serán notorias.
Cómo se explicó anteriormente, el gobierno finalizará su período con un déficit fiscal en el entorno del 4% del PIB. Para ser más precisos, cerrado el año 2023, el déficit del Gobierno Central y Banco de Previsión Social (GC-BPS) se ubicó en 3,3% del PIB y en los primeros 5 meses del 2024 ya trepó a 3,6%. Nada hace prever que en el segundo semestre la tendencia se revierta, sino más bien lo contrario. En este sentido, llama muchísimo la atención que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) proyecte un déficit de 3,1% del PIB al cerrar 2024, lo cual implicaría incluso un menor nivel que el del 2023. De hecho, el propio MEF reconoce que “la recaudación neta de DGI viene evolucionando por debajo de lo previsto en los primeros cinco meses del año, ello constituye una fuente de desvío potencial por el lado de los ingresos fiscales” (1). Seguidamente, y en referencia al otro elemento de la ecuación, es decir, los gastos fiscales, se expresa que “una potencial fuente de desvío respecto a la programación actual, lo constituye una posible aceleración del número de pasivos del BPS, que en los primeros cinco meses del año, asciende a 1,3% interanual, por encima del 0,5% observado en años previos” (2). Por lo que, tanto del lado de los ingresos como del lado de los egresos, se reconoce que la situación puede variar para peor (los ingresos pueden ser menores y los egresos pueden ser mayores). Sin embargo, el MEF opta por proyectar una reducción del déficit muy poco creíble.
Es interesante, tener presente que en la Rendición de Cuentas del año pasado, el MEF prometía cerrar su mandato con un 2,7% del PIB de déficit, y hace un par de años la promesa era de 2,3%. Por lo tanto, se observa un claro desalineamiento entre las proyecciones realizadas y cómo cerrará el mandato en términos de déficit fiscal.
Es cuasi irrisorio que la justificación que da el MEF para tal desalineamiento sea la baja de la inflación. De hecho, tanto en la exposición de motivos, como en la presentación de la Ministra se habla de “sorpresa inflacionaria” (3) . Si hay algo que podríamos destacarle a la política económica de este gobierno, es la caída de la inflación en el último año. Sin embargo, parecería que el propio MEF reconoce que esto fue una “sorpresa” y por ende, podría concluirse que no formaba parte de un objetivo buscado (4) .
El MEF se excusa en que la baja de la inflación repercutió en una menor recaudación en términos nominales, aumentando de esta manera el déficit. A la vez, cómo este indicador se mide en puntos del PIB, el MEF encuentra una nueva excusa, y es que el PIB nominal también fue menor al proyectado (tanto por un menor crecimiento, como por una caída en el índice de precios del PIB). Ambos efectos, sostiene el MEF, explican el desvío de lo que se esperaba en materia fiscal y de lo que finalmente termina ocurriendo.
Sin embargo, estas explicaciones son simplemente excusas de porqué las proyecciones estuvieron lejos de cumplirse. Es cierto que la baja de la inflación afecta la recaudación, pero si la Ministra sostuvo en su momento que la juzgaran por la inflación, entonces no puede “sorprenderse” de esta baja para justificar el deterioro fiscal. Es cierto que el PIB creció menos de lo esperado, pero al 30 de junio del 2023 ya con los efectos de la sequía vistos, el MEF esperaba que el crecimiento fuera 1,3% y terminó siendo apenas de 0,4% (casi 1 punto por debajo). Sería mucho más sensato reconocer que las proyecciones estaban sesgadas al alza para permitir un mayor gasto en año electoral, antes de hacer malabares para justificar los desvíos del déficit fiscal y los incumplimientos.
Dos de los pilares de la pésima Regla Fiscal que diseñó este gobierno se incumplirán. El primero refiere al déficit estructural. El gobierno estima que este cerrará en el 2024 en 3,4% del PIB, lo que implica un aumento de 0,6 puntos con respecto a 2023 (2,8%). Es importante mencionar que el déficit estructural es una variable inobservable y que para estimarla se realizan diversas metodologías. De hecho, la estimación que realizaba el MEF a febrero de este año es que el mismo cerraría en 2,9% del PIB. La exposición de motivos aclara que “siguiendo la sugerencia del Consejo Fiscal Asesor se resolvió mantener como referencia la estimación de 2,9%”. En otras palabras, se reconoce que uno de los pilares de la regla, se va a incumplir y por mucho (medio punto del PIB, lo que representa unos 400 millones de USD).
El segundo pilar refiere al tope de egresos primarios del GC-BPS. Este tope se fija en base al crecimiento potencial de la economía uruguaya. Esta última variable es inobservable, pues refiere a la tasa de crecimiento del PIB en el largo plazo. Para calcular esa tasa teórica existen determinados procedimientos, pero lo cierto es que dicha tasa de crecimiento ha variado a lo largo de los años en este mismo período de gobierno. A saber, se estimó en 2,3% en 2020 y 2021, cambió a 2,1% en 2022 y 2023 y pasó a 2,8% en 2024. Es decir, justo en el año electoral, vaya casualidad, se amplió el techo de gastos permitido por la Regla Fiscal. Pero no contento con ello, el gobierno decidió simplemente violar este tope y proyecta aumentar los egresos en 4,8% en el año 2024.
Claro está, como la Regla Fiscal tiene un pésimo diseño y no prevé ninguna sanción, entonces el gobierno podrá incumplir tranquilamente estos dos pilares sin que nada pase. Por si fuera poco, y como perlita se proyecta que para el año 2025, los egresos primarios del GC-BPS aumenten 0%. Si lector, leyó bien, el gobierno pretende aumentar casi 5% los egresos en el año electoral y le sugiere a la próxima administración que deberá aumentar 0% en su primer año de mandato. Sinceramente, parece una falta de respeto. De nuevo aquí, la excusa es la baja de la inflación y las abundantes lluvias (cuando no es sequía es inundación) de los primeros meses del año.
En síntesis, tenemos un gobierno que cerrará su mandato con un déficit fiscal muy similar al que heredó en 2019, con una deuda pública 10 puntos del PIB mayor y con un déficit social notoriamente superior, pues en estos 5 años, la desigualdad aumentó, tenemos 100 mil trabajadores más con salarios sumergidos y 50 mil personas más en situación de pobreza. Sin dudas estamos ante una política económica diferente que habrá que cambiar rotundamente en la próxima administración.
1.Exposición de Motivos de la Rendición de Cuentas del año 2023, página 206.
2. Idem.
3.Esta expresión aparece a lo largo de la exposición de motivos del proyecto de Rendición de Cuentas 2023 y también en la diapositiva número 9 de la presentación del MEF.
4.Es importante señalar en este punto que el Presidente del BCU, a diferencia de la Ministra, sí mencionó que la caída de la inflación era el objetivo perseguido por la autoridad monetaria y no mencionó la palabra “sorpresa” en su exposición.






















