Quedan 3 días para el referéndum donde buscamos anular 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC). Las evaluaciones son múltiples y hay para todos los gustos, en lo que la inmensa mayoría de los analistas de opinión pública y analistas coinciden es en que el resultado está abierto.
Esto es un hecho político de enorme relevancia. Es una verdadera hazaña política que el movimiento popular, con la unidad de sus expresiones políticas y sociales, una crítica fundamentada y seria a los contenidos de los 135 artículos impugnados y una militancia formidable en cada rincón del país, haya logrado que la disputa por la iniciativa política con el poder, que de eso estamos hablando, alcance este punto.
A lo que estamos asistiendo es, nada más y nada menos que a eso, el movimiento popular, sus organizaciones clásicas y las nuevas, ha logrado disputar, de igual a igual, con todo el poder concentrado. Todo ese poder enorme, producto de una acumulación histórica, económica, política e ideológica, más el viento a favor de la victoria electoral, no les alcanzó a las clases dominantes para imponer uno de los instrumentos centrales de su restauración conservadora y su ajuste neoliberal: la LUC.
Tanto se le ha parado enfrente el movimiento popular que han tenido que sacar su cara menos distinguida y apelar a mecanismos de clientelismo y demagogia que nunca dejaron de usar, pero que mantienen más o menos ocultos. La vieja política de la derecha tradicional, populista, demagógica y clientelar ha tenido que quedar expuesta.
En la calle las sensaciones se condicen con lo que muestran las encuestas, el Si crece. ¿Hasta dónde llegará ese crecimiento? Nadie lo puede asegurar. Dependerá de la síntesis política e ideológica que se logre en estos días entre lo que seamos capaces de hacer y lo que la derecha y el poder logren por su lado.
Está claro que es fundamental lograr un triunfo del Si y de la papeleta rosada, en primer lugar, poque de verdad es trascendente para nuestro país y nuestro pueblo anular los 135 peores artículos de la LUC, que implican un retroceso en construcción democrática, también en derechos, de al menos 100 años.
En segundo lugar, porque el gobierno ha puesto en pausa varios artículos de la LUC, son tan malos que no podían dejar que se notaran antes del referéndum y otras medidas relacionadas directamente con la LUC. Hablamos de la reforma de la seguridad social, que vendrá, lo ha dicho públicamente la senadora Graciela Bianchi, con aumento al barrer de la edad para jubilarse y caída de las jubilaciones. Hablamos de la profundización de la mercantilización del mercado de combustibles, con más aumentos, que ahora fueron frenados antes del referéndum, e incluso, también Bianchi dixit, con la posibilidad de una nueva ley para liberalizar la importación y refinación, el objetivo real del Herrerismo. Hablamos de que se van a instrumentar el nuevo régimen para los trabajadores del Estado y para los docentes. Hablamos también de que vendrá la nueva Ley de Medios, que tiene contra ANTEL lo que sacaron de la LUC para no favorecer al referéndum, y que, además promueve la concentración y extranjerización de la propiedad de los medios, más aún de la que tenemos en la actualidad.
Un triunfo del Si el domingo no solo anularía los artículos que imponen el populismo represivo, aumentan las penas, limitan la rehabilitación y autorizan el homicidio como respuesta al hurto; favorecen el lavado de activos al autorizar las transferencias en efectivo hasta 120 mil dólares; promueven la informalidad, el pago bajo laudo y la evasión al BPS al dejar librado a la voluntad del empresario la forma de pago de los salarios; introducen el desalojo exprés; debilitan la educación pública e introducen un modelo fracasado en todo el mundo como los váuchers; limitan, al contrario de lo que establece la Constitución, el derecho de huelga y de manifestación; hacen más opaco el mecanismo de ajuste del precio de los combustibles, lo que ha llevado a los aumentos que todas y todos sufrimos; introducen una regla fiscal que perpetúa el ajuste y los recortes en el Presupuesto y la inversión pública; hieren de muerte al Instituto de Colonización, al quitarle 58 mil hectáreas, el 9.5% de su cartera de tierras, de las más fértiles, caras y mejor ubicadas del país y desnaturalizar la condición de colono. Además, pondría un freno a la continuación, con otras leyes y con disposiciones de la propia LUC que han sido postergadas, del ajuste contra nuestro pueblo y el deterioro en su nivel de vida.
También permitiría ponerle un límite al aumento descontrolado del costo de vida. Este es un punto central para discutir en estos días. Tanto lo es que el gobierno y el propio presidente de la República, reconociendo esa centralidad, han hecho votar con trámite exprés, tenían que salir antes del 27, dos leyes que bajan el precio del asado por un mes, si leyó bien, y generan nuevas iniciativas de jornales solidarios. Una medida demagógica y una que favorece el clientelismo. Por supuesto que no se pueden rechazar, cualquier medida que alivie, aunque sea mínimamente, la situación de nuestro pueblo hay que votarla, pero, a la vez, hay que denunciar la utilización inescrupulosa de la necesidad de nuestra gente con fines electoreros. Populismo conservador y tradicional en estado puro.
En nuestro editorial anterior, abordamos este tema. Queremos reiterar hoy algunos conceptos, porque estos días han confirmado su centralidad.
Sobre la relación de la LUC con los precios decíamos: “La LUC creó el nuevo mecanismo de fijación de los precios de los combustibles, ese que llevó a siete aumentos y a un 36% de incremento promedio. Eso impacta en toda la escala de precios. No es Ucrania, que no mientan, es la LUC. La LUC ya fracasó en los combustibles. La LUC introduce una Regla Fiscal, remora del neoliberalismo fanático, para darle carácter legal y permanente al ajuste y el recorte de recursos presupuestales. Es decir, perpetúa hasta el infinito el error garrafal de no haber aumentado la inversión social en medio de una crisis económica. En Chile, parte de la rebelión popular fue para eliminar esta regla suicida, herencia de Pinochet, aquí quieren poner ese instrumento fracasado en todo el mundo”.
Y agregábamos unos ejemplos, que vienen muy a cuento: “¿Hubo siete aumentos de combustibles o no?, ¿aumentaron las tarifas públicas o no?, ¿bajaron los salarios y las jubilaciones o no?, ¿aumentaron los impuestos o no?, ¿el aceite de girasol aumentó un 92%, el tomate un 85%, el zapallo criollo (sin alusiones personales) un 73%, el café envasado un 61%, la carne picada un 31%, la aguja un 54% y el arroz un 37% o no? Pero, además, y al mismo tiempo, ¿9 de los 10 principales rubros de exportación ya superaron los niveles de prepandemia y están ganando más plata que nunca, en especial la carne, la madera y la soja o no?, ¿los depósitos en el exterior superaron los 10 mil millones de dólares o no?, ¿los depósitos bancarios, en especial de las cuentas de más de 100 mil dólares, subieron 6 mil millones de dólares o no?”.
A todo esto, el presidente de la República le responde con una rebaja mínima al asado, solo al asado y por un mes. Deberían ser todos los cortes de carne, deberían agregarse otros productos de la canasta familiar y debería ser por más tiempo. Claro, si fuera en serio. Lo raro es que estas medidas las tiene que tomar en un país que supuestamente va impresionantemente bien, donde, según el gobierno, baja la pobreza infantil, no hay ollas populares y hasta se festeja el “ahorro” de 300 millones de dólares en inversión social, vivienda, salud, educación y salarios.
Por todo eso tiene que ganar el Si. Pero es muy importante valorar lo conseguido, unidos, con convicción, compromiso y organización, miles de hombres y mujeres, protagonistas de una gran hazaña han fortalecido la democracia y han puesto un freno a la prepotencia del poder ejercido por alguien que piensa que el país es una estancia, donde manda el patrón y están prohibidos los sindicatos y las protestas.
Y no, el país es un país, y los ciudadanos somos, teóricamente, iguales todos y todas. La igualdad y la libertad, las del pueblo, hay que conquistarlas a pulso y defenderlas ejerciéndolas.
“Mi autoridad emana de vosotros, y cesa ante vuestra presencia soberana”, decía José Artigas. Por eso cuando llegamos a las firmas titulamos: “797.261 presencias soberanas”. Porque es el pueblo, como construcción colectiva, el depositario real de la soberanía. Y conseguir que los sectores populares se expresen con independencia política del poder es un hecho de una relevancia enorme.
Por eso, hasta el domingo, voto a voto, casa a casa, sin bajar la guardia un segundo. El resultado está abierto y se puede lograr una nueva hazaña.
Vamos por el Si.























