El pasado 2 de marzo fue aprobado por el Parlamento Europeo, el informe de una “comisión especial” que tuvo como objeto analizar lo que definió como “Injerencias Extranjeras en Todos los Procesos Democráticos de la Unión Europea, en particular la Desinformación”.
Según se denuncia en el portal KaosenlaRedd, la aprobación de este informe constituye un paso para avanzar en la implantación de “un conjunto de medidas antidemocráticas”, cuya finalidad no es otra que “silenciar a cualquier medio de comunicación que se muestre crítico con su política exterior”.
Bajo el argumento de adopción de una “estrategia común de defensa” contra las “campañas de desinformación”, lo que se produce, señala el portal de noticias, es darle un cariz belicista al lenguaje al definir lo que llaman “amenaza extranjera” por parte “de algunos medios de comunicación que no se controlan”.
Para ello, se denuncia, usan como “autocracias como Rusia o China manipulan la información para desestabilizar la democracia europea”, “los ciudadanos y los Gobiernos europeos no son conscientes de la amenaza que representan los agentes extranjeros” o “son necesarias sanciones contra la injerencia y las campañas de desinformación que llegan de fuera”.
Para “enfrentar” estas “amenazas” e incentivar el modelo de control de la prensa de Taiwan y, se recomienda en el informe “contraatacar” y “financiar con fondos públicos a los medios de comunicación de gran difusión, plurales e independientes”, al tiempo que sugieren la revocación de “las licencias de las organizaciones que difunden propaganda estatal extranjera”.
Uno de los componentes centrales de la nueva “política de represión informativa”, radica en “aumentar la vigilancia de las redes sociales”, obligando a las diferentes plataformas “a que dejen de impulsar cuentas que difundan una visión que contradiga la política de la Unión Europea y de la OTAN”.






















